Dos heroinas, Lidia Doce y Clodomira Acosta eran de las mujeres en las cuales el máximo líder de la Revolución Fidel Castro depositó confianza e importantes misiones desde la Sierra Maestra.
En una de las encomiendas orientadas a La Habana fueron sorprendidas y detenidas por casquitos batistianos un 12 de septiembre de 1958 en un edificio del reparto Juanelo, en San Miguel del Padrón.
En el mismo sitio estaban además los revolucionarios y luchadores clandestinos, Alberto Álvarez Díaz, Onelio Dampiel Rodríguez, Leonardo Valdés Suárez y Reynaldo Cruz Romero. Todos ellos fueron vilmente asesinados en la casa que ocupaban en la calle Rita de ese barrio capitalino. Al frente de los efectivos de la dictadura se encontraban los coroneles Esteban Ventura y Conrado Carratalá, ambos con largo historial de barbarie.
A Lidia (con 42 años) y Clodomira (con 22) las llevaron primero a la Oncena Estación de Policía y luego a la Novena donde fueron salvajemente torturadas y varios días después, el 17, las introdujeron en sacos con piedras y las fueron sumergiendo en el mar, reiteradamente, hasta ser arrojadas en las profundidades, aún con vida, como solían hacer con otros combatientes apresados.
Los jóvenes asesinados son considerados Mártires de Regla, su pueblo de origen. Ellos eran protagonistas también de la lucha clandestina en la zona contra la tiranía y sus acólitos.
Lidia (quien fue también mensajera y abastecedora de la columna del Che, además de cumplir tareas con frecuencia en La Habana donde participó en destacadas acciones clandestinas)había llegado a la Capital el 27 de agosto y hubo de alojarse entonces en una casa de La Jata, Guanabacoa, miéntras que Clodomira llegó días después, el 10 de septiembre, y consideró debían ir hacia Juanelo por ser el punto de localización, y donde estarían los restantes compañeros.
El Comandante en Jefe Fidel Castro en una de sus intervenciones relacionadas con estas inolvidables patriotas expresó: “ Mujeres heroicas (…) Clodomira era una joven humilde, de una inteligencia y una valentía a toda prueba, junto con Lidia torturada y asesinada, pero sin que revelaran un solo secreto ni dijeran una sola palabra al enemigo”.
A estas gigantes de la Patria, su pueblo les recuerda y rinde merecido tributo. Escuelas, centros de trabajo e instituciones del país llevan hoy su nombre en honor a la destacada labor revolucionaria que ellas asumieron para contribuir a liberar de esta tierra la ignominia que representó la más sangrienta dictadura impuesta a Cuba en la década de los años 50 de la pasada centuria, la de Fulgencio Batista.
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