“La prosperidad que no está subordinada a la virtud avillana y degrada a los pueblos; los endurece, corrompe y descompone”.

José Martí

 

En no pocos centros laborales está presente el llamado “chivo”, individuo que realiza labores “por cuenta propia” en el sitio donde está empleado, utilizando equipos y materias primas de esa dependencia. La nociva práctica encontró espacio en otros sectores económicos emergentes, tras el inicio de la actualización del modelo económico-social, y viaja a bordo del mismo.

La insuficiente asimilación de la propiedad social constituye un elemento esencial a tener en cuenta al indagar sobre las causas que propician ciertos niveles de participación ciudadana en uno u otro rasgo de la economía sumergida.

Investigadores sociales consideran en extremo peligroso la violación del principio socialista de distribución salarial: a cada cual según su trabajo, de cada cual según su capacidad. Opinan que esto ha provocado profundas desviaciones, como la tendencia a querer obtener de la sociedad más de lo que se aporta. Se desvaloriza el trabajo como fuente de riquezas, como modo de vida y primer valor social.

Cuando el pago salarial no depende del aporte personal, ni de las condiciones de trabajo y tampoco de los resultados finales de este, ello pudiera afectar no solo la eficiencia económica, sino además suscitar descontento y la búsqueda de otras vías de ingresos no provenientes del trabajo.

Hay factores psicosociales que pueden desestimular las buenas actitudes e incentivar conductas especulativas y agiotistas en los individuos, cuando estos últimos no son empleados correctamente, y priman en su entorno otras consideraciones extra laborales, ajenas al normal desarrollo de las relaciones interpersonales.

El salario, como forma concreta de redistribución de la riqueza social, no puede, ni debe, estar sujeto a factores extra labora-les: tráfico de influencias, nepotismo, amiguismo, favoritismo, socialismo, fraude y malversación, entre otras prácticas, lo suficientemente nocivas, como para generar conflictos en las relaciones interpersonales de un colectivo, tanto entre los propios trabajadores, como entre el dirigente y sus empleados.

La asimilación de la propiedad social no puede desvincularse de la utilización plena de las capacidades físicas e intelectuales del hombre y sus posibilidades de desarrollo.

¿Cuántas iniciativas creadoras, factibles de ser aplicadas a favor de la eficiencia socialista, no devienen a veces en vías para fomentar la corrupción, el delito e ilegalidades en el ámbito laboral, porque falta el reconocimiento a los resultados positivos del trabajo, tanto en el orden material como espiritual, para que contribuya al incremento del prestigio del individuo en su medio laboral y social?

Cuando un trabajador se incorpora a un colectivo lo hace con no pocas expectativas, pues él espera de los demás trabajadores y de sus dirigentes una actitud correcta hacia la propiedad socialista, y está dispuesto a que los demás esperen de él la conducta correspondiente.

Hay explicaciones acerca de la insuficiente asimilación de la propiedad social, que requieren de un acercamiento a las investigaciones sociales, una de las cuales considera que “las relaciones de producción socialista en su forma estatal, constituyen el eje alrededor del cual se desarrolla la producción social del país. Sin embargo, en el aspecto cualitativo tienen un desarrollo limitado ante todo por la poca madurez de la relación de propiedad socialista en la producción, la distribución, el cambio y el consumo”.

Con respecto al tema en cuestión, las indagaciones comprobaron “que en Cuba ha existido una cuestión bien diferente de su realización real. Existe una diferencia entre la socialización de derecho y la socialización de hecho que ya Lenin había avizorado”, lo cual permitió a los estudiosos concluir: “que se reconozca jurídicamente al estado como dueño de los medios de producción no significa necesariamente una socialización real”.

A partir de estas y otras consideraciones similares, avaladas por criterios de expertos, urge a las organizaciones sindicales y empresariales trabajar, con la decisiva participación y apoyo de los trabajadores, en la búsqueda de formas que permitan que “la socialización de derecho y la socialización de hecho”, tengan una expresión real y tangible en el entramado socioeconómico cubano, donde la propiedad social es consuetudinariamente vulnerada, con un saldo negativo en el orden ético-moral, monetario y material.

Lo subjetivo
Hacia el interior de los colectivos laborales se observan no pocas falencias en el aspecto subjetivo, algunas de las cuales apuntan a un tema clave como la corrupción, el delito y las ilegalidades, cuyas manifestaciones se expresan a través de diferentes rasgos de la economía subterránea.

A partir de la actual composición de la fuerza de trabajo en la Isla, sujeta a una mayor diversificación hacia el futuro, dada las transformaciones socioeconómicas en curso, habrá que concretar alianzas estratégicas entre quienes laboran en los sectores estatal, privado, cooperativo y mixto, entre otros, pues entre los autores de hechos delictivos y de corrupción se establecen oscuras simbiosis entre uno u otro modelo de gestión, para trasvasar recursos y traficar influencias.