El reportaje Medir el camino del agua, publicado en la edición 51 de Tribuna de La Habana, correspondiente al 23 de diciembre de 2018, abordó el programa de metraje masivo en la capital, y hacía un llamado a sus protagonistas a cuidar la cultura del detalle.

“Muchas cosas que hacemos a la gente le molestan, pero a la larga está el servicio”, afirma Leonel Díaz Hernández. Foto: Lissette Martín

Clientes entrevistados y opiniones llegadas a la redacción, reconocían la importancia del proceso, pero alertaban acerca de malas prácticas urgidas de revertirse. El director general adjunto de la empresa Aguas de La Habana, Leonel Díaz Hernández, ofreció a nuestros lectores nuevos elementos y consideraciones al respecto.

“El país apostó por el metraje para hacer más eficiente el uso del agua, pues cuando a un particular o estatal se le pone un metrocontador, automáticamente restringe su consumo.

“Cuba no busca un fin monetario, sino cuidar el recurso, cuyo costo de producción y de distribución hasta los clientes es superior a la tarifa actual. Hace tres años instalábamos no más de 3 000-4 000 metros anuales; a partir de 2017, fecha de inicio del metraje masivo, colocamos unos 24 000 cada calendario”.

Tanto para el metraje masivo, como en la solución de incidencias puntuales, La Habana cuenta con 19 brigadas Foto: Joyme Cuan

¿Qué impacto busca esta estrategia?

-Partimos de una prioridad: metrar donde más agua se bota para llevarla a lugares donde menos se recibe, las zonas más lejanas, o con problemas en el abasto como La Habana Vieja y Centro Habana. Ya se trabajó en Diez de Octubre, Plaza de la Revolución, Playa, San Miguel del Padrón y La Lisa, siempre con efectos positivos.

“Pongo un ejemplo: luego de metrar alrededor de 5 000 viviendas en Diez de Octubre durante 2017, logramos recuperar diariamente 33 000 metros cúbicos. En Punta Brava (La Lisa), después del metraje y otras acciones, el servicio se extendió a 24 horas y el consumo per cápita diario se redujo a la mitad”.

Foto: Joyme Cuan

¿Cuáles son las mayores dificultades para afrontar el programa?

-En Plaza de la Revolución radica nuestra única base de metraje. Es un área sin todas las condiciones, donde están concentrados varios locales provisionales, que obliga al hacinamiento de los equipos. Este año aspiramos a construir otra en el este de La Habana; la actual asumiría las labores del centro al oeste, y la nueva el resto del territorio.

“Asimismo, el metraje demanda un gran aseguramiento de recursos materiales, del que hoy no tenemos total garantía. Los metros con sus accesorios entran a través de proyectos o créditos, fundamentalmente del mundo árabe, y a veces demoran los arribos.

“El mayor problema fue en 2018. Se compraron los metros en un país y sus accesorios en otro, pero estos últimos vinieron con una junta más fina, que al no hermetizar provocaba salideros. El proveedor de las juntas vino, lo comprobó, hizo las ideales y las envió, pero ya teníamos un número considerable de aditamentos montados; entonces debimos comenzar a sustituirlos.

“Implicó un buen tiempo rectificar los miles ya instalados. Puede que subsistan casos y reportarlos por parte de la población contribuirá a enviar nuestras brigadas”.

Otras incidencias han puesto zancadillas al programa como la ausencia, en diferentes momentos, de un suministro estable de materiales de construcción, como ocurrió el año pasado. Según el criterio de Díaz Hernández, “cuando esto sucede debemos decidir si detener el metraje o continuar. Uno alberga la esperanza de una rápida solución y sigue adelantando”.

¿No sería más pertinente esperar por los materiales antes de abrir un hueco, cuya demora en el cierre genera opiniones negativas?

-Son decisiones adoptadas a diario. Estar entre los organismos priorizados del país, nos garantiza una asignación de materiales para todas nuestras labores; regularmente no tenemos problemas. Sin embargo, previendo posibles dificultades, este 2019 pronosticamos colocar 20 000 metros, inferior al plan del año anterior.

“Una solución, ante imprevistos, ha sido metrar zonas que quizás no son las más estratégicas para nuestra misión de llevar el agua a todos los lugares, pero como carecen de aceras o calles asfaltadas nos posibilita instalar el contador de agua, sin requerir de cemento y áridos para el acabado final.

“Insisto en la necesidad de valorar el metraje como una herramienta muy beneficiosa para el ahorro y el aprovechamiento eficiente del recurso. Y debemos enfrentarlo con las realidades del país; muchas veces nos vemos obligados a aminorar el ritmo y luego hacer un intensivo en un área puntual”.

Las espirituanas no tendrán fácil la tarea de defender su corona. Foto: Victor Manuel Alarcón

Aguas de La Habana tiene un largo historial de abrir la vía pública y no cerrarla con la inmediatez que los capitalinos esperan. ¿Por qué cuando no están sujetos a contingencias continúan sucediendo estas cosas?

-Los problemas acumulados en esta actividad desde el Período Especial no se resuelven ni en cuatro, ni en cinco años; es grande el deterioro acumulado. Por eso la rehabilitación de las redes de agua potable de la ciudad –programa paralelo al metraje- se diseñó a largo plazo, para un período de 15 años, y ya vamos por cinco.

Entre los proyectos de la empresa destaca la adquisición de metros a distancia, fundamentalmente para los grandes consumidores del sector estatal. “La aspiración futura es colocar el dispositivo dentro del límite de propiedad”, anunció, tras comentar situaciones generadas por la indisciplina social.

“Cada metrocontador cuesta al país 35 dólares y sabemos de un número violentados o robados para, entre otros fines, extraerle sus partes de bronce”.

De acuerdo con el director, además de resolver problemas organizativos, su entidad precisa no perder espacios como el diálogo con la comunidad. “Cuando intervenimos en un barrio, lo primero es reunirse con las autoridades del lugar, pues el pueblo necesita saber que vamos a romper la calle o el parterre, pero lo arreglaremos; y si pasa tiempo sin repararlo, pedimos que nos disculpen, pues nos faltan condiciones”.

Díaz reconoció que informar es muy necesario, no exige de divisas ni recursos, pero esto falla. Aguas de La Habana cuenta con 38 establecimientos comerciales en la ciudad, además de una oficina territorial en cada municipio y un inspector en todos los Consejos Populares; toda una fortaleza para hacer expedita la comunicación con sus clientes e impedir otras malas prácticas que provocan rechazos y juicios negativos.