El primero en recibir los beneficios de esta vacuna fue un niño llamado Joseph Meister, el cual fue mordido por un perro rabioso y no desarrolló la hidrofobia, fobia al agua que padecen las personas infectadas por el virus de la rabia.

En esa época se desconocía el agente que causaba esta enfermedad pero Pasteur la estudió hasta descubrir la vacuna que salvó al niño y a muchos otros, por lo que se ganó el reconocimiento universal. Estos logros propiciaron el surgimiento del Instituto Pasteur, en 1888, lugar que dirigió hasta su muerte y donde reunió a un grupo importante de científicos, para trabajar en el tema de las inmunizaciones y sus bases biológicas.

La rabia es una enfermedad infecciosa viral del sistema nervioso central, que provoca la encefalitis aguda. Este virus ataca a los mamíferos domésticos y salvajes, lo que incluye al hombre. Se encuentra en las secreciones de los animales infectados y lo transmiten al hombre por una mordida o si éste tiene algún corte en la piel, que haga contacto con la saliva del animal enfermo.

Debe tratarse con urgencia de lo contrario conduce a la muerte. Después de la mordedura, puede tardar entre 60 y 300 días en manifestarse. El tratamiento inmediato impide el desarrollo de los síntomas. Es recomendable lavar la herida con agua y jabón, sin raspar, y acudir a un centro hospitalario.

Se dice que Pasteur no fue un niño muy aventajado, sin embargo, desde pequeño se interesó en la Química gracias a un buen profesor que le impartió esa ciencia. Se graduó como Doctor en Ciencias en la Escuela Normal Superior de París. Luego se dedicó a la docencia en la Universidad de Estrasburgo entre los años 1847 y 1953 y más tarde fue elegido decano de la Universidad de Lille. Sus aportes a la Química le valieron la concesión de la Legión de Honor Francesa a los 26 años.

Su descubrimiento más conocido es el proceso denominado pasteurización, en su honor, mediante el cual se eliminan las bacterias patógenas por medio de la aplicación de calor en líquidos, en especial alimentos.