La prueba citológica o prueba de Papanicolaou, en honor al médico griego Georgios Papanicolaou, es de vital importancia para la detección temprana de un posible cáncer cérvico-uterino. Debe realizarse desde que las mujeres comienzan las relaciones sexuales hasta aproximadamente los 65 años de edad.

En Cuba existe un Programa Nacional de Diagnóstico Precoz de Cáncer Cérvico Uterino, para evitar el incremento de esta patología. El examen se efectúa a partir de los 25 años y hasta los 60 años, por ser la etapa de mayor riesgo, con una frecuencia de tres años. Antes o después de estas edades se realiza en caso de sospechar alguna anomalía.

Las mujeres son citadas por la enfermera de su consultorio médico para realizarle la prueba. No obstante, muchas no asisten pues creen que es innecesaria o tienen temor a la molestia que les pueda ocasionar. Para el estudio se toman muestras del endocérvix, orificio que comunica con el útero; del cérvix, parte más externa del útero que comunica con la vagina y del tercio superior de la vagina, región que rodea el cuello del útero.

Esto se efectúa en pocos minutos y no es doloroso. La mujer se acuesta en posición ginecológica, se le coloca un espéculo en la vagina y se extrae una muestra de células del interior con una espátula o un aplicador de madera. Las células se depositan en una lámina de cristal, se fijan y envían al laboratorio.

Con esta se puede detectar cualquier anomalía en el aparato genital, las cuales muchas veces son asintomáticas. Si el resultado es confuso se repite para corroborarlo. Si resulta positivo se remite a la paciente para una consulta de Patología de Cuello para que le indiquen una colposcopia. Esto no significa que la paciente tenga cáncer, es un primer paso para continuar el estudio. También se le puede realizar una biopsia.

Con la prueba citológica también se diagnostican infecciones, trastornos y cambios morfológicos en las células del cuello y el cuerpo del útero. Para que esta sea efectiva no se puede tener relaciones sexuales 24 horas antes de realizarla. Dos días antes no usar desodorantes vaginales, óvulos u otros medicamentos. Tampoco debe tener la menstruación, es mejor esperar al menos diez días después del inicio de la menstruación.

El cáncer cérvico uterino comienza de forma lenta. Primero los tejidos experimentan cambios y aparecen en ellos células anormales, proceso denominado displasia. Con la prueba citológica se descubren estas células pre-malignas. Si se detecta a tiempo puede tratarse y curarse, de lo contrario, las células cancerosas crecen y se diseminan en el cuello uterino.

Existen diversos factores que provocan que las féminas se nieguen a hacerse este examen. Muchas le temen a la prueba en si misma pues les molesta el espéculo y otras tienen miedo al posible diagnóstico positivo de cáncer. Algunas no interiorizan su importancia. En cada área de salud se debe investigar cuales son las posibles causas que originan la negación a realizarse la prueba. Hacer además, un trabajo de persuasión mediante la explicación de su necesidad, con respeto y buen trato, para brindarle confianza a la mujer.

Si las mujeres tomaran conciencia de la necesidad de este examen existirían menos muertes por esta causa, pues como ocurre con cualquier tipo de cáncer, la detección temprana influye en su posibilidad de curación. Hacerse la prueba, debe ser parte de su rutina.

No espere más, si ya pasaron más de tres años de la última que se realizó acuda de inmediato a su consultorio. Ninguna mujer está exenta de padecer esta enfermedad, la prevención es la única forma de detectarla a tiempo. Aproveche la oportunidad que le brinda el Programa Nacional de Diagnóstico Precoz de Cáncer Cérvico Uterino.