La violencia intrafamiliar o doméstica es la que ocurre en el seno de un hogar, ejercida por un miembro de la familia hacia otro. Incluye la violencia física, la sicológica y la sexual. Por lo general no ocurre de forma aislada, sino que sigue un patrón constante, mediante el abuso del poder y la fuerza. Los principales afectados son las mujeres, los menores, las personas con algún tipo de discapacidad y los adultos mayores.

La violencia física es fácil de reconocer, pero la sicológica es una forma sutil de agresión. Se manifiesta con palabras hirientes, menosprecio, humillación, gritos e insultos. Esto provoca que la persona se sienta insegura y se deteriore su autoestima. La sexual es la imposición de actos de este orden por un miembro de la familia en contra de la voluntad del otro. Incluye el acoso sexual, abuso infantil y la violación marital.

La violencia contra la mujer está generalizada en todo el mundo, en específico por parte de su pareja. Es difícil de establecer estadísticas, pues muchos casos no trascienden fuera del ámbito familiar, solo cuando hay un maltrato físico evidente o asesinato.

Los infantes también sufren de violencia doméstica, tanto de las madres o los padres. Si diariamente son menospreciados o reciben castigos severos, en el futuro pueden convertirse en adultos violentos.

Otras víctimas son las abuelas, las cuales tienen una carga excesiva de trabajo en el hogar y no son consideradas por sus hijos. Esto provoca el padecimiento de enfermedades propias de la edad pero agravadas por la sobrecarga y la falta de atención. Por otra parte, muchos ancianos son apartados y renegados sin tener en cuenta sus opiniones lo que les provoca profundos estados depresivos.

La violencia intrafamiliar se considera un problema de salud y uno de los factores que la desencadenan es el consumo de alcohol, por su efecto desinhibidor. El alcoholismo puede conllevar a un gran porciento de las agresiones familiares.

Este problema es muy complejo, sobre todo porque no está identificado por toda la población, y su reconocimiento es el primer obstáculo a vencer, para poder enfrentarlo. Se dice que el dos por ciento de la población mundial padece discapacidad como resultado de lesiones ocasionadas por accidentes o violencias.

La violencia doméstica es el resultado de las relaciones desiguales de poder y es ejercida por los que se sienten con derecho a intimidar y a controlar. Por ello, las desigualdades debidas al género y la edad son sus principales determinantes. Estas manifestaciones traen como resultado traumas físicos, trastornos depresivos, ansiedad, temores, falta de autoestima, consumo de alcohol o drogas, deserción escolar en los niños, falta de motivación y a veces suicidio.

La violencia intrafamiliar tiene muchas caras y diversas formas de presentarse. A veces se hace invisible porque la víctima no manifiesta lo que le sucede, generalmente por miedo a la reacción del agresor. En ocasiones es tan sutil, que apenas somos capaces de reconocer si en nuestra propia familia existe este tipo de violencia.