En la actual y abrumadora modernidad, cada vez se hace más necesario el accionar de los entes sociales productores de contenido que se acerquen desde el arte y la cultura a sus públicos.

En la televisión afina la enajenada cuerda a golpe de playback, la mediatización y el elitismo hormiguean disfrazados de alternativos, mientras en los barrios toda la familia se reúne a escuchar a Silvio en vivo. Aunque muchos de los exponentes, representantes y difusores de la música hoy en nuestra Isla parecieran copiar los extranjerizantes modelos de la cultura popular anglosajona, todavía vibran esos pequeños espacios que necesitamos salvar y transformar en inmensos.

Varias veces he salido hacia Galiano a lo grande, atraído por la barroca intensidad de la que una vez fuera mi calle de residencia. Fotografiando minúsculos focos de verdadera cubanía. Digo que aún son pequeños pues aunque dicho proyecto busca llevar la cultura a las personas “A lo grande”, todavía se queda en un enorme bullicio de música sin la debida curaduría y en volúmenes estruendosos y vendutas de cualquier tipo a cada paso.

No es que no sea necesario o bueno brindar una oferta gastronómica variada, la culinaria es también cultura, lo desacertado reside en las maneras, la desorganización y el masoquismo que resulta al tratar de conseguir algún producto. No abundaré sobre el conocido y recurrente fenómeno de las reventas, los micromercados en la parte de atrás o por la “izquierda”, ese pudiera ser el motivo de otro análisis.

Debemos luchar por no transformar estas nuevas acciones en perdidas, como el ya utópico Carnaval habanero. Los barrios y comunidades se nutren de variados y exquisitos proyectos que oxigenan las venas de la capital. Nuestra ciudad maravilla merece algo más que la insultante idea de “pan y circo”. Pienso en lo que pudieran lograr los instructores de arte si tuvieran espacios y programación organizadas en las calles. Por ejemplo, cada vez se hace más complejo disfrutar de iniciativas como la Academia de Canto Mariana de Gonitch, por falta de espacios de accesibilidad popular. Los bailables son también importantes, pero no la única respuesta a las necesidades de esparcimiento para un pueblo que emana cultura. Hagamos de los 500 años una razón para continuar a lo grande, lo más grande, o cualquiera que sea la proclama que se nos ocurra. 

Lo importante continua residiendo en el interior, en lo que pocos pueden ver, la grandeza se abre en los murales que adornan a Diez de Octubre, en las peñas, en las charlas nocturnas de bienal frente al Malecón… Pongámosle atención e intención a lo diverso y sincero que se produce en cada esquina de La Habana.