Foto: Francisco Blanco

Aquel señor precisaba de un documento. Llegó a la oficina correspondiente y la recepcionista lo anotó en una lista. Casi una hora después –muy lento él para vivir en el oeste-, se le encendió  el bombillo e indagó si para obtener lo que buscaba debía presentar algo.

“¡Pues claro!, eso lleva una carta de solicitud, donde debe poner tao, tao, tao…”, le informa ella. Pero solo a medias.

“Si me facilitas un papel, ahora mismo la redacto”, dice el hombre  esperanzado, mas no acaba la frase cuando escucha a la chica de marras decir que allí no hay hojas, y acto seguido sugerirle volver más tarde.

“Como si uno tuviera todo el tiempo del mundo, como si la casa me quedara al doblar de la esquina, como si los años no me pesaran…” piensa él, mientras se aleja.

Tras dos horas y media, tiempo aprovechado para otras gestiones personales, vuelve a traspasar la puerta del lugar. No ha perdido el turno, pero nuevamente –y conste que hablo de la situación-, tropieza con la mordida del mismo perro: lleva la carta, pero nadie le dijo que su gestión precisa de varios sellos.

Reclamarle a Yumisisleydys, la recepcionista, es por gusto. Se escuda en que es nueva allí. ¿Sería muy iluso, antes de ponerla de cara al cliente, darle a La Yumi –así le dicen sus compañeras-, un mínimo de preparación y conocimientos? O decirle que si llega alguien preguntando y ella no sabe, le sugiera que lea el mural “pues allí está todo explicadito”, como mismo dijo después.

Si algo deja como enseñanza esta historia, tan real como cotidiana, es que también nosotros en condición de clientes, tenemos responsabilidad compartida para impedir que se malgaste nuestro tiempo.

Estas sugerencias sobre cómo sortear –no siempre se logra-, tortuosas realidades de las que casi nadie ha escapado, pueden hacernos el camino más expedito cuando debamos realizar cualquier tipo de trámite.

Primero busque el teléfono del lugar a donde debe acudir, y con lápiz y papel en mano llame. Si nota que quien le sale al teléfono está más perdido que usted, pida hablar con un jefe o especialista. Comente qué trámite desea realizar, e indague cuáles documentos presentar, los horarios de atención al público, si lo hacen todos los días de la semana, si también laboran el sábado… en fin, lo humano y lo divino.

Si anda cerca del sitio y puede llegarse hágalo. Vista hace fe. Y  en caso de ser posible tírele fotos a cuanto anuncio e información  vea por aquellos predios, para luego leerlos detenidamente en su casa. Cuando vaya a realizar el trámite quizás lo tenga todo, pero si le faltan cosas, seguro habrá adelantado una buena parte.