Vientos en espiral con fuerza vandálica castigaron sus azules alas, sumiendo a La Habana en una oscuridad inmensa que solo se pudiera comparar con las fauces de un chacal hambriento y fiero. Pocas horas han pasado desde que el sol descubrió el rostro de la ciudad maravilla exponiendo las marcas que la cruel tempestad le dejó. Aun así, las calles sacuden poco a poco los escombros, arboles caídos, autos destrozados para remplazarlos por color y vida.

Foto: Marcia Ríos

Mujeres y hombres se desperdigan como hormigas sanando, buscando, entregando lo poco que la tormenta les dejó a quienes lloran lo perdido.

Renace el espíritu y la voz de una ciudad que no se quiebra, que vuelve a levantarse siempre orgullosa y bella. No atiende a las palabras pesimistas pues demasiado rostro inocente le besa las puntas quebradas del valor.

Foto: Marcia Ríos

La Habana recuerda hoy el nacimiento de su poeta José Julián, y aun enjugándose las lágrimas prepara sus piernas para danzar con el Apóstol. Son tiempos de esparcir la bondad y demostrar que el mejoramiento humano es posible. Libremos la batalla mejor, la que se gana entre hermanos y hermanas. Nada ni nadie pude quitarle la dicha llenarse de luz de llama y celebrar la vida, el amor, el mañana.