La población que habitualmente está precisada de transitar en las noches por las calles de La Habana viene constatando cómo en los últimos tiempos un considerable número de avenidas y calles de los barrios carecen de adecuada iluminación.

Recordemos que esta es una ciudad acostumbrada a la nocturnidad. Y aunque es preciso seguir contribuyendo con la política de ahorro energético en el sector residencial y estatal la cual, por lo general, ha permitido la reducción de apagones en el territorio, no debe descartarse revisar el alumbrado público, en la medida de las posibilidades.

A veces constatamos arterias de gran fluidez de tránsito con largos tramos sin luz, y en otras ocasiones vemos bombillos con intermitencias o al parecer, fundidos, que afectan la visibilidad al caminar por algunos lugares y particularmente por el interior de las localidades.

Existen adultos y también jóvenes que trabajan, o requieren estudiar en determinados sitios en horarios de tarde noche, y tienen que transitar largas cuadras sin luminarias encendidas. Están, además, los que acostumbran en sus días de descanso disfrutar de los espectáculos públicos, teatros y centros de recreación de la ciudad.

Asimismo, se aprecian parques con farolas que apenas alumbran a los más próximos, incluso, en áreas donde está instalado el servicio wiffi no siempre hay buena luminosidad o existen bombillos rotos.

Por otra parte, hay aceras y calles que no siempre tienen las condiciones idóneas para el paso de vehículos y transeúntes debido a roturas en el pavimento que agudizan sus nefastas consecuencias cuando están acompañadas de poca, o ninguna luz en el entorno.

Es cierto que la población prefiere estas afectaciones en el alumbrado exterior que en el interior de sus viviendas, pero ambos son importantes, y se complementan.

Lo que no debe ocurrir es que despilfarremos las bondades del servicio eléctrico, más aún en las condiciones económicas- financieras y de bloqueo que afecta a nuestro país. Ello impone también ahorrar el máximo de recursos.

No obstante, consideramos que no es desacertado retomar el tema con el propósito de seguir buscando novedosas alternativas para que La Habana en su aniversario 500 luzca más bella y resplandeciente que nunca, con una apropiada iluminación, la cual debe contribuir decisivamente a fortalecer la integralidad de su imagen.

La Capital de todos los cubanos, además de atractiva, segura y armónica, merece ser cada vez más esplendorosa.