AL principio las letras HD, para mí, solo cobraban sentido cuando una película no se reproducía a velocidad normal en mi mini-laptop.

Yo, millenial por definición pero con una vida total y orgullosamente analógica, miré con desconfianza y marcado interés la introducción de la señal digital en Cuba.

Estudié, leí y abrí mi mente hasta que, con el tiempo y la conciencia de un país más desarrollado, la idea me pareció maravillosa.

Fue entonces cuando los famosos aparatos decodificadores (más conocidos como cajitas) llenaron las tiendas, y la realidad de los números golpeó mi delicada economía doméstica.Tomé decisiones. Al final, si mi televisor se veía bien no necesitaba de ningún artefacto que mejorara su señal.

Me enteraba por amigos (reales y virtuales) de lo relacionado con el tema. Leía periódicos a falta de Caribe, escuchaba música en sustitución de Clave y copiaba películas en mi mini-laptop para remplazar los HD. Ninguna de sus ofertas me daba envidia, aunque todas me la daban.

Pero sobreviví, no es difícil… aún cuando diariamente leen la programación del Canal Clave en mi señal analógica y anuncian el nuevo Cubavisión+,“El canal de ¿todos?” que no podré ver.

No me molestan los avances, al contrario. Mi sentimiento de impotencia viene de saberme tortuga en un país que finalmente veo avanzar como liebre.
A mi entender, tener o no señal digital en Cuba pasó de ser hace mucho tiempo una opción personal. A estas alturas, quien carece del beneficio es porque sencillamente no se lo puede permitir.

En ocasiones me pregunto si seré la única tortuga…