Vivir aquí es una aventura. La ciudad no duerme. Hay vida por doquier. La música alta es casi constante y el bullicio de los carros puede volverte loco, pero uno se acostumbra, incluso puedes hasta extrañarlo cuando no lo sientes.

Los negocios pululan, por eso casi siempre las calles están llenas de personas, buscando… de todo: un par zapatos, una foto de un edificio en penumbras, un alquiler para vivir, la manera más rápida de llegar a casa después de un ajetreado día de trabajo.

Centro Habana es todo eso y más. Sitio único donde una carrera de bicitaxi de cinco cuadras sale más cara que un viaje en un almendrón de cinco kilómetros; donde se te va la vida en una partida de dominó; ideal para escribir un segundo tomo de las Memorias de la vagancia en Cuba; lugar de inspiración para escritores, poetas y cantautores.

Cualquier motivo es suficiente para armar una fiesta; da igual si es una rumba fina de solar, o una reunión de amigos quienes no se ven desde hace algún tiempo; eso sí, el ron, la música y la comida no pueden faltar en estos jolgorios.

Se camina en un día. Es pequeña, pero enorme a la vez. Si La Habana está de moda, imagínate el centro de la ciudad donde, con suerte, puedes encontrarte a Rihanna tomándose fotos encima de un auto antiguo, a Madonna de fiesta en una paladar…

La cola para el pan, a la espera de un turno médico en el policlínico, o pasando calor mientras llega la guagua, son espacios idóneos también para hacer nuevas amistades, enemigos mortales o vivir una corta e intensa aventura amorosa.

A pesar de sus pesares, Centro Habana es lugar de obligada visita. Seguirá aquí, detenida en el tiempo pero siempre moderna; inquieta, sucia a los ojos de muchos, y bella a los ojos de tantos otros.