¿Ya llegó Granma, el Tribuna? Dime, anoche, ¿qué…? ¿Qué dicen del tiempo? ¿Verdad que Cusita se divorció…?

No, amigo lector, no se trata de cuestiones formuladas para ilustrar un tema de los tantos que se debaten en el barrio, sino de las preguntas que convierten a la barbería habanera, en algo muy parecido a un centro de información pública. Allí se debate de política y deportes, filosofía e historia, mecánica o medicina… De todo se habla en estos sitios donde, durante el placer de un necesario o estético pelado, el cliente participa de verdaderas peñas o tertulias.
En La Habana, tal costumbre puede tomar de referencia la iniciativa de Juan Gómez, quien estableció la primera barbería allá por 1552, y donde se reunían los vecinos de la Villa, para tratar importantes asuntos del país, la ciudad, el barrio, la cercanía de piratas o lo caro que cobraba el sastre Talavera por la confección de unos calzones...

En el siglo XVII se hablaba, en las barberías, de lo bien que terminaron las construcciones de La Punta o El morro, y para el XVIII se comentaba, en baja voz, sobre las sublevaciones de los vegueros o la muerte de Pepe Antonio en Guanabacoa luchando contra los invasores ingleses. Ya en el siguiente siglo los barberos no sacaban muelas ni hacían sangramientos, se ocupaban, como verdaderos artistas, en el corte del cabello o el rasurado de la barba.
Basta que alguien introduzca un tema, y se formó la tertulia. Me imagino a los peludos contertulios del veinte comentar acerca de la desaparición de Matías Pérez o los amores de Mazantini el Torero con la actriz Sara Bernhardt.

Con la aparición de la radio, la barbería perdió algo respecto a la comunicación. Pero lo que no ha perdido es su condición de peña mixta, tertulia popular y centro de comunicación comunitaria.