La Habana Real y Maravillosa. Foto: Miguel Ángel Meana

Sexta hija de la mulata de abanico verde, inmensa y voluptuosa. Renaciste esclava en cuerpo, pero liberta de amor y pensamiento, exorcizado poema que Martí nunca terminó. Musa de tantas canciones que te escucho susurrar en cada columna de la vieja ciudad. Savia de caña transmutada en ron que me embriaga bajo la sombra de la nueva ceiba: eres La Habana.

Quimera onírica que consume la terca madrugada de aquel que partió su corazón en dos. Hoy contoneas orgullosa cada centímetro de historia y dolor, casi a 182 135 días cerca de tus 500 años de rotunda vida. Aun te anhelan los barcos que bordean tu silueta encantada, llevan y traen murmullos sobre tu segura estampa de bella cubana.
Silba el hondo eco desde el piano del Bola, camina por las calles de su natal Guanabacoa escudriñando notas, canciones nuevas.

Ciudad visible desde el retrovisor de las circunstancias, que aguardas con tu edad un meridiano puesto. Cuéntame con tus luces nocturnas, proposiciones de malecón y calle Línea, con una Virgen del camino en la solapa.
Hoy mi Habana se viste otra vez de ilusión, esperanza y sobrevuela el mar tornando su índigo en limpio cerúleo.