La ciudad es víctima de la proliferación de expresiones de ruido que dañan el medioambiente y también perjudican la tranquilidad ciudadana en las comunidades.

En localidades habaneras puede constatarse esta problemática que mucho tiene que ver con la disciplina social y con el quebranto a las leyes del tránsito establecidas que dictaminan el modo de empleo de los claxon.

Hay un grupo de choferes, esencialmente de transporte de carga y pasajeros que acostumbran de manera desmedida, utilizar en calles de los barrios tipos de silbatos o cornetas que poseen ruidos estremecedores.

A veces nos comunicamos a gritos Foto: Francisco, Blanco

Existen quienes pierden la cordura y se adjudican el derecho de tocar un tipo de trompeta estridente, lo mismo al llegar a una parada de ómnibus, frente a un edificio familiar, institución docente u hospitalaria, como si manejasen una ambulancia que precisa de sirenas y urgencia en su movilidad para salvar una vida.

Quienes incurren en ello no se dan cuenta tampoco que, a veces, están circulando por centros escolares, círculos infantiles, y entre viviendas donde residen niños menores, ancianos y enfermos que requieren de sosiego y descanso.

Esto se constata a cualquier hora del día o la noche en lugares públicos de La Habana. Por solo mencionar un ejemplo, hay convivientes del área colindante con el parque ubicado en calle L y San Lázaro en el Vedado, próximo a la Universidad, los cuales refieren que cotidianamente sobre las 2 y 4 de la madrugada acontecen sucesos de esa índole, particularmente con el habitual freno chillón, (alejado de toda lógica), por parte de una guagua que allí hace parada, y no es un caso excepcional por cuanto sucede además en otros puntos.

Ello llama a la reflexión e indica que hay choferes que pueden perder la sensibilidad humana ante sus coterráneos, algo muy lamentable y que no solo perjudica al ecosistema, sino además a los habitantes de la Capital de todos los cubanos, pues situaciones como esa acontecen en otras zonas.
Igualmente, en avenidas principales e interiores de los municipios donde se ubican almacenes que recepcionan determinados productos, pueden observarse situaciones similares, generalmente cuando se acercan desde calles aledañas rastras y camiones con contenedores cargados de mercancías, los cuales llegan accionando retumbantes trompetas.

Es cierto que hay quienes al manejar consideran que hacer uso frecuente del claxon puede evitar accidentes, pero están también aquellos que lo utilizan indiscriminadamente e innovan con tipos de sonidos punzantes para el sistema auditivo que perjudican su propia salud y la de quienes viven en el entorno, y son obligados por la irresponsabilidad de estos, a asumir los ruidos.

Instrumento utilizado en el mundo para medir la contaminación acústica Foto: Radio Rebelde,

Otro importante rasgo de indisciplina social que denota la necesidad de mayor control en lugares públicos es el relacionado con las áreas de estar citadinas, las cuales en gran medida están en procesos de restauración para el deleite de familias, niños y también para potenciar soñados encuentros entre enamorados, pero aún no todas logran el cuidado esmerado que merecen y precisan.

Estos agradables espacios no siempre consiguen la armonía para lo cual fueron concebidos. Su utilidad ha sido distorsionada por aquellos ciudadanos que de manera inescrupulosa y con notable carencia de educación formal los emplean para acciones inadecuadas o contribuyen con su inconciencia a destruir lo alcanzado con el esfuerzo de múltiples factores de la sociedad.

Múltiples son las afectaciones que provoca la contaminación sonora Foto: Radio Rebelde,

Asimismo, están los que quieren imponer a la vecindad una música excesivamente alta, con escasa profesionalidad y alto grado de trivialidad. Estos casi siempre se hacen acompañar de la ingestión de bebidas alcohólicas y otras adicciones que pueden acarrear graves consecuencias, particularmente cuando intervienen adolescentes y jóvenes en plena formación y desarrollo.

Eso ocurre en algunos parques sin que haya existido programación cultural oficial, planificada. Estos son objeto de la ubicación de bocinas con melodías que por lo general dejan mucho que desear y consiguen menoscabar la paz en las localidades y sin dudas, deteriorar el hábitat.

La población habanera está enfrascada en embellecer y hacer relucir con mayores bríos para su aniversario 500 de fundada, a esta paradisiaca Ciudad Maravilla que cuenta con colosales bellezas naturales, arquitectónicas, culturales y patrimoniales. Y sobre todo con la idiosincrasia y singular nobleza de su gente que aposta por sustentar con orgullo, esa prodigiosa condición.

De ahí que todo aquello que vulnere su imagen y afecte la tranquilidad ciudadana de los casi dos millones de compatriotas que en ella residen, debe cesar. Y por consiguiente también los actos impropios que se susciten tendrán siempre el rechazo, en pleno, de la comunidad.