El gabinete actual que dirige la Casa Blanca el cual preside el magnate Donald Trump ofrece ejemplos fehacientes de irracionalidad en su accionar internacional. La estrategia genocida de asfixiar pueblos libres y soberanos a través de bloqueos, sanciones y estrategias subversivas constituyen la máxima expresión de un modus operandi, ignominioso.

Las medidas de asedio económico-financiero implementadas por Washington dañan a todo el pueblo de la Isla, (a unos 12 millones de seres humanos), pero al mismo tiempo quebrantan la Constitución de EE.UU. al vulnerar además, el derecho de sus ciudadanos a viajar al lugar que les plazca, así como a mantener relaciones culturales, científicas, educativas y comerciales mutuamente ventajosas para las partes.

Aquellos personajes que conforman el equipo de dirección en la administración de Trump representan lo más retrógrado y ultra reaccionario en el gobierno y cuentan con un largo y controvertido historial a favor de las beligerancias y el desprecio a los derechos humanos. Son a la vez irrespetuosos de la autodeterminación de las naciones.

No es casual que sean los mismos que protagonizan las campañas más absurdas y repugnantes conocidas en los últimos tiempos contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros países del orbe.

Y llama la atención en Latinoamérica que sean agredidos o sancionados aquellos que han demostrado tener políticas independientes a Washington, priorizando los recursos nacionales a favor de las grandes mayorías de sus habitantes. Y ninguno de estos países ha agredido jamás al pueblo norteamericano u otro vecino, a diferencia de Norteamérica que financia y planifica decenas de actos lacerantes de la vida de personas (guerras e invasiones), fuera de sus fronteras, en disímiles latitudes del mundo.

Recién anunció EE.UU. otras disposiciones contra la Mayor de las Antillas orientadas a evitar que ciudadanos estadounidenses viajen a la Isla, obstaculizando las posibilidades de los encuentros pueblo a pueblo, así como que cruceros turísticos, embarcaciones y aeronaves particulares visiten, el territorio caribeño.

¿A qué temen? Quizás a que sus coterráneos conozcan la realidad de los cubanos los cuales dan muestras de solidaridad y hospitalidad a sus visitantes. 

Esas maquiavélicas legislaciones que forman parte de la madeja del bloqueo tienen un amplio rechazo universal. Y aunque esas fatídicas medidas obstruyen el desarrollo integral de la sociedad, logran también la repulsa generalizada de una población que obtiene cada vez mayor nivel de comprensión y conciencia sobre quienes son los responsables de las dificultades que persisten en la Isla.

Los cubanos no pueden olvidar el daño que el cerco financiero imperial ha significado en su cotidianidad, ni tampoco el número de víctimas que han causado las nefastas políticas subversivas que han traído consigo miles de muertes e incapacitados. El accionar terrorista de grupos de la mafia cubano-americana apoyados por la Agencia Central de Inteligencia, CIA, es la responsable de actos de lesa humanidad que desde La Florida se han organizado contra Cuba.

Los bloqueos, sanciones, e incremento de hostilidades por parte de Washington en el ámbito internacional provocan mayor nivel de repulsa y dañan la imagen de EE.UU. que dice ser “paladín de la democracia y los derechos humanos”, mientras provoca sufrimiento a pueblos enteros limitándolos de alimentos, medicinas y recursos vitales.

También afectan el libre comercio entre países, vulnerando postulados de la Organización Mundial del Comercio, con la instrumentación de absurdas tarifas arancelarias y un proteccionismo irracional que incluso perjudica a sus tradicionales socios de la Unión Europea, y América Latina.