La administración de Estados Unidos que preside el magnate Donald Trump tiene como modus operandi de su política exterior, la ignominiosa práctica de bloquear financieramente a naciones independientes que no asumen el sistema socio-económico ni la estrategia de injerencia e intervención tradicional instrumentada por Washington.

Su accionar lacera los derechos humanos de millones de personas en el mundo que ven limitadas sus posibilidades de alcanzar una vida digna con acceso a alimentos y medicinas. Asímismo entorpece el desarrollo sostenible de pueblos del Sur que vienen realizando ingentes esfuerzos por disminuir las desigualdades y fomentar integralmente el avance de la sociedad, con mayores indicadores de equidad.

El asedio contra Cuba sigue siendo recrudecido con la puesta en vigor del título 3 de la Ley Helms-Burton, engendro diabólico e irracional que solo es posible ser asimilado por mentes enfermas de odio, o con esencia criminal.

¿Cómo es posible también que se retengan en bancos extranjeros sumas de dinero pertenecientes a otros países que lo precisan para comprar insumos básicos, medicamentos, alimentos y materias primas esenciales para la población como viene ocurriendo con Venezuela y sucede en transacciones comerciales de la Mayor de las Antillas? 

Mueren niños de enfermedades curables a causa de absurdas sanciones impuestas a naciones, compañías y entidades incorporadas a la lista negra de la Casa Blanca. Recientemente han sido denunciados casos de infantes que han fallecido por carecer de vacunas, medicinas o medios técnicos requeridos para determinados tratamientos y procesos quirúrgicos indispensables.

Este asunto debe lograr la máxima condena de la comunidad internacional. Las penalizaciones, los asedios económicos y cualquier tipo de bloqueo son incompatibles con la observancia de los derechos humanos, y los responsables de tan magna crueldad merecen la repulsa, no solo de la Organización de Naciones Unidas, sino además de los hombres de buena voluntad del mundo.

Millones de cubanos han nacido y crecido- por más de 55 años-, bloqueados y hostigados por decenas de administraciones estadounidenses obcecadas en destruir a la Revolución. Y sin escrúpulo alguno persisten en mantener el cerco contra la Isla, esa que a pesar de ello sigue dando lecciones de inquebrantable resistencia, integridad, solidaridad y respeto hacia otras formas de pensar y sistemas políticos, los cuales dentro de la diversidad, imperan en la era contemporánea. 

En Estados Unidos de América, lamentablemente, se estimula la compra y posesión de armas, (causa principal de los actos de violencia en ese territorio), y al mismo tiempo son fomentadas campañas mediáticas en medios de comunicación occidentales orientadas a exacerbar guerras, alejando las posibilidades reales de conseguir la tan anhelada paz que demanda el planeta.  

Tiene Washington aún mucho que aprender sobre relaciones armónicas, colaboración, convivencia pacífica y respeto a la autodeterminación de otras naciones. Y ello se constata en el creciente aumento de los conflictos que tienen lugar en disímiles latitudes geográficas.