De manera insólita la administración de Donald Trump en los Estados Unidos continúa actuando burdamente, al tiempo que quebranta de manera desvergonzada la Convención de Viena y el derecho internacional, al irrumpir con la policía el inmueble de la sede diplomática de Venezuela en Washington donde se encontraban activistas invitados como huéspedes, del gobierno genuino e institucional de la República Bolivariana.

Nada justifica este acto propio de la irresponsabilidad y arrogancia de un Estado como el norteamericano que desdeña y burla las leyes. Este accionar irreflexivo obedece al contubernio de Norteamérica con el golpismo protagonizado por la oposición violenta de esa nación del Sur, la cual trata de imponer a un “presidente interino no electo por el pueblo” como Juan Guaidó, marioneta mediática e inepta que responde a la Casa Blanca.

La opinión pública mundial está expectante ante esta también violación de los derechos humanos. Esa aberrante política es además guerrerista, de fomento de sanciones, exacerbación de odios, bloqueos y asedios. Pero ese escaso raciocinio les ha valido sustanciales rechazos en el ámbito mundial, incluso, de aliados estratégicos de la Unión Europea que comienzan a percibir lo irrespetuoso y torcido que resultan las relaciones con la actual directiva de la Casa Blanca, la cual quiere imponer sus designios a la comunidad internacional.

También puede constatarse cómo Trump y su gabinete vulneran, sistemáticamente, los principios de convivencia pacífica entre los países y alejan las posibilidades de diálogo civilizado entre las partes. Son hacedores de maquinarias de muerte y destrucción y para esos fines están obligados a crear títeres que proyecten ilusiones ópticas o realidades virtuales como las que delinean el señor golpista Guaidó, y sus mercenarios en Venezuela.

Aquellos que piensan en aumentar las beligerancias y aproximar las posibilidades reales de holocausto nuclear están llamados a ocupar un lugar preponderante en el basurero de la historia, sino perecen antes, a causa de su daño mental patológico.