Según las noticias que por estos días circulan en redes sociales y diversos medios de comunicación, el gobierno de los Estados Unidos es el máximo responsable de incitar a una guerra contra Venezuela que puede afectar e implicar a naciones vecinas como Colombia, Brasil, Chile, y otras próximas azuzadas por Washington para esa peligrosísima aventura criminal, y de lesa humanidad.

Así mismo, la paranoia del gabinete de Donald Trump contra la tierra de Bolívar podría acarrear un considerable número de víctimas en la región, de ser secundada tal demencia por algunos gobiernos del área que a espaldas de sus pueblos mantienen contactos secretos con funcionarios de la Casa Blanca.

La administración estadounidense no acaba de comprender que América en su conjunto lo que anhela es la paz y no beligerancias entre naciones vecinas que de seguro arrastraría muertos, heridos, desaparecidos y una imparable migración de las zonas en conflicto.

En la República Bolivariana de Venezuela existe un gobierno electo legítimamente por ese pueblo el 20 de mayo de 2018, el cual preside Nicolás Maduro, quien venció en elecciones con amplia mayoría, y eso no se puede soslayar, gústele o no, a sus adversarios.

Maduro, (a diferencia del impuesto a dedo por Washington y presentado en una calle pública de Caracas, el “autoproclamado presidente Juan Guaidó”), mantiene la estabilidad y trabaja sistemáticamente por el bienestar socio-económico de la población y por la paz, no solo para su territorio, sino además fomenta el diálogo y la concordia con naciones vecinas, a pesar de las constantes agresiones procedentes de algunos territorios colindantes.

Mientras Guaidó, (diputado integrante de una Asamblea Nacional en desacato y vulnerador de las leyes y la Constitución) está dedicado solamente a quebrantar la institucionalidad del país, y como cualquier habitual vendepatria, estimula la intervención extranjera y ensancha sus bolsillos y los de sus allegados empleando dinero usurpado a su pueblo para viajar y hacer lobby, tanto él como su esposa y algunos cercanos colaboradores.

Sin embargo, EE.UU. retiene y se apropia de recursos financieros de ese territorio del Sur a sabiendas que son requeridos para adquirir por el Estado alimentos y medicinas que deben ser distribuidos oficialmente y por los canales establecidos, a todos los ciudadanos.

Pero los expertos en bloqueos y sanciones made in USA siguen negando a Venezuela acceder a sus legitimas finanzas. Promueven la escases y carencias de productos básicos, instrumentando medidas coercitivas y antihumanas que favorecen la especulación y guerra económica por parte de la ultra reaccionaria oposición que tiene como único fin destruir la Revolución y volver a acrecentar la brecha entre pobres y ricos, priorizando, como otrora, los intereses de la oligarquía, en detrimento de las mayorías de la población.