Resulta insólito, arbitrario y lacerante de la vida de un ser humano el hecho que el gobierno de la República de Ecuador haya entregado directamente a las autoridades británicas al ciudadano Julian Assange, asilado político en la embajada de ese país en el Reino Unido y quien además, tenía condición de ecuatoriano.

Ello crea un peligroso precedente para la política de asilo instituida internacionalmente y refrendada por la Organización de Naciones Unidas. El interés de Estados Unidos y algunos de sus aliados en cercenar la voz y vida de este hombre se basa en que Assange llevó a la palestra pública la verdad sobre los desmanes, ilegalidades y crímenes, que en nombre de la “libertad y la democracia”, fueron cometidos, muy lamentablemente por administraciones estadounidenses.

Esas informaciones incluían además acciones de espionaje a través de comunicaciones telefónicas contra personalidades y Jefes de Estado, cuestiones muy graves en el ámbito mundial. Y sin embargo, lo que se trata de mutilar y silenciar es a la persona que dio a conocer los delitos que entonces se perpetraban contra la humanidad, y no a quienes quebrantaron la justicia, agrediendo principios básicos establecidos a partir de la II Guerra Mundial por la ONU y los países firmantes de esos trascendentes convenios, vigentes y de estricto cumplimiento para toda la comunidad de naciones.

Los expertos en ciencias jurídicas tienen con este controvertido caso la posibilidad de demostrar quien es el infractor de las leyes y la convivencia pacífica entre los Estados del orbe.

No se puede continuar imponiendo el abuso contra quienes desde la veracidad de sus investigaciones ejercen una profesión digna como otra cualquiera, solo que esta logra incomodar a centros de poder que vulneran derechos inalienables en las relaciones internacionales.

Solo la liberación de Assange podrá garantizar el respeto a la política de asilo y particularmente a la libre expresión en una era que se comenta debe prevalecer la democracia, el respeto a los derechos humanos y también el multilateralismo en las formas de pensamiento.