Las declaraciones unilaterales del presidente de los Estados Unidos Donald Trump entregando a Israel el territorio sirio ocupado por Tel Aviv en las Alturas del Golán, denotan, el total irrespeto del representante de la Casa Blanca por los acuerdos internacionales y particularmente, por las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sobre el tema.

Se evidencia además, el marcado interés de Trump por complacer al lobby judío en momentos que se aproximan las elecciones en Israel. De igual forma el accionar con relación al traslado de su embajada a Jerusalén, (otro absurdo), ha contribuido a exacerbar las tensiones entre Palestina, Israel, y el ámbito árabe.

El gobierno sionista continúa sin escrúpulo alguno, sus asentamientos ilegales en tierras palestinas y sostiene cínicamente la usurpación de estas, a pesar del rechazo mayoritario de la ONU.

Resulta indigna esta irracional y disparatada decisión de Trump, quien al parecer carece de contención y sigue fomentando conflictos en el mundo. No le bastó retirarse de importantes acuerdos medioambientales vinculados al cambio climático, y tampoco le interesó continuar en el pacto sobre energía nuclear establecido con Irán, y la Unión Europea.

Igualmente desde Washington se extienden las estrategias de guerra e intervencionismo. Se inmiscuyen, sistemáticamente, en los asuntos internos de otras naciones independientes.

También quebrantan postulados de la propia Constitución de los Estados Unidos de América, prohibiendo los viajes de sus ciudadanos a Cuba, país que agrede de manera criminal y con propósitos genocidas. Y son repudiadas sus medidas de asedio económico-financiero, sanciones y estímulos a la subversión.

Así mismo desde Washington se fustigan tratados comerciales entre países soberanos, llegando a dañar incluso a sus aliados europeos y de Latinoamérica con un proteccionismo extremo que puede acarrearles, graves consecuencias.

Recrudece el bloqueo a la Mayor de las Antillas sin importarle la extraterritorialidad de la vil Ley Helms-Burton, impugnada por la Asamblea General de la ONU, y concebida para asfixiar por hambre y carencia de alimentos y medicinas, a la Isla.

Financian férreas campañas mediáticas e implementan estrategias violentas y desestabilizadoras contra gobiernos con sistemas políticos y socio-económicos diferentes a Norteamérica, como ocurre con Venezuela, a sabiendas que la legitimidad del dignatario Nicolás Maduro viene de las urnas al haber sido electo democráticamente, por su pueblo.

Trump apoya abiertamente acciones terroristas contra la Revolución Bolivariana y vulnera todos los principios éticos y legales establecidos en las relaciones internacionales y la diplomacia contemporáneas, al tratar de apuntalar al autoproclamado “presidente encargado” Juan Guaidó, el cual no cuenta con la anuencia de la inmensa población venezolana que reconoce que no lo eligió y que no es más que una pobre ficha en el tablero desestabilizador de EE.UU.

Solo un bufón, carente de moral y sin decoro como Guaidó puede prestarse a esa macabra operación de golpismo, y servilismo a otra potencia extranjera. De ahí que sea visto como un vende patria, y oligarca oportunista que está sacando una gran tajada a la situación, abultando cada vez más sus arcas financieras, a costa del dolor de sus coterráneos.

Muy probable que la actitud deshonesta de este señor, jamás sea perdonada por el pueblo de Bolívar, ese que tampoco olvidará la historia de invasiones, destrucción y muerte que a lo largo de esta era, han dejado las administraciones norteamericanas en América Latina, el Caribe, Europa, Asia, África y Medio Oriente, y cuales constituyen records de crímenes, de lesa humanidad.

Sería conveniente que el Congreso de los Estados Unidos revisase la larga lista de víctimas que el mundo tiene, (esencialmente en los últimos 70 años), a causa de las guerras imperiales y barrabasadas protagonizadas por efectivos militares norteamericanos en otras latitudes arrastrando a Europa y la OTAN a múltiples contiendas bélicas.

Estas beligerancias han provocado miles de muertos, heridos, desaparecidos, y provocado que millones de personas inocentes estén desplazadas o refugiadas con precarias condiciones, por el orbe. Y solo por el mero hecho de satisfacer la sed de recursos acompañada de expansionismo geopolítico por parte de las administraciones estadounidenses.

La civilización humana es incompatible con esas prácticas lacerantes de la vida en el planeta. Es hora de imponer cordura y promover la paz en todos los continentes de esta hermosa Tierra, y ello solo es posible solucionado los diferendos con diálogo, raciocinio, inteligencia, entendimiento mutuo, y no con arrogancia y empleo irreflexivo y desmedido de la fuerza.