El gobierno de los Estados Unidos que preside el magnate Donald Trump se ha convertido en paladín del quebranto sistemático del derecho internacional, subestimando los principios fundacionales de las Naciones Unidas y demás organismos multilaterales.

Al mismo tiempo Washington vulnera los acuerdos de la ONU vinculados a la preservación del medioambiente, el tema nuclear y de comercio, establecidos universalmente.

Con respecto a Cuba mantiene además una política criminal y  retrógrada como la que significa el bloqueo económico, comercial y financiero. Y por si fuese poco pretenden recrudecerlo burlando la soberanía de otros países, incluso de aliados como la Unión Europea, Canadá, y gobiernos de América Latina, Asia y otras regiones, implementando acápites de la Ley Helms-Burton que además de lacerar la vida de la población cubana, violan flagrantemente la autodeterminación de otros Estados que negocian e invierten en la Mayor de las Antillas.

Foto: Escambray

Asimismo, violenta el orden constitucional en otros territorios. La ofuscada beligerancia contra la República Bolivariana y su dignatario legítimo, Nicolás Maduro, es una de las expresiones más inmorales y contrarias a la legalidad que la humanidad haya conocido en las últimas décadas.

Fomentan y apoyan, abiertamente y sin escrúpulo alguno, un Golpe de Estado en un país independiente como Venezuela, miembro de la comunidad internacional y posiblemente el que más sufragios, referéndums y elecciones democráticas haya tenido, en alrededor de veinte años de Revolución, auténticamente bolivariana y chavista.

Esa actitud belicosa y muy peligrosa solo es concebible en dirigentes ultra reaccionarios, prepotentes y soberbios como los que prevalecen hoy en la Casa Blanca y otras administraciones de derecha, enemigas de los procesos de justicia social y emancipadores que se erigen en varios pueblos de Latinoamérica y el Caribe, pero también en otras latitudes geográficas.

Las investigaciones en curso por parte de la Cámara de Representantes de EE.UU y su sistema jurídico por declaraciones del ex abogado de Trump denotan el mal manejo y la corrupción que envuelve a la Casa Blanca, la cual no está exenta de irregularidades en su accionar cotidiano.

Y qué decir de la política exterior del presidente y sus obcecados e irracionales asesores y autoridades de ese gabinete, quienes solo conocen las ignominiosas estrategias  basadas en el chantaje, sanciones, asedios,  guerras, doble moral y campañas mediáticas de desinformación y tergiversación de la verdad y los acontecimientos para tratar de influir y justificar sus barrabasadas ante la opinión pública interna y externa.

Pero la historia es sabia y es hora que el Congreso de los EE.UU, el Fiscal General y todo el engranaje de ese sistema judicial desempolve la mentira y especialmente ponga coto a la desastrosa imagen de ese gobierno que simboliza todo lo contrario a la convivencia pacífica y la colaboración complementaria entre naciones que concibe cualquier Carta Magna local e instrumento jurídico internacional.

El trato indiscriminado a los migrantes, afroamericanos, los conflictos exacerbados en la frontera con México y el complejo muro que pretende levantar el dignatario estadounidense, con fondos obtenidos de la arbitraria Declaración de Emergencia Nacional, son solo pequeños ejemplos del desatino que se constata en la actual administración.

Hablar de revivir la inverosímil Doctrina Monroe no es más que hacer renacer, a como sea, la era de la barbarie, de las dictaduras militares, la Operación Cóndor, el fascismo con manto de “democracia representativa”,  y, sobre todo, es hacer resurgir las aborrecibles intervenciones militares de EE.UU. en Latinoamérica y el Caribe.

Y eso no lo deben olvidar jamás los gobiernos de Argentina, Brasil, Colombia, Panamá, Paraguay, Perú, Ecuador, República Dominicana, y muchos otros que fueron y algunos siguen siendo, víctimas de la penetración y las invasiones estadounidenses, y también de la injerencia foránea en lo más profundo de sus países, (con bases militares e impunidad total de los efectivos norteamericanos en esos territorios donde operan, indiscriminadamente, y sin respeto alguno por la cultura, identidad y población originaria de esas naciones), por lo que es preciso se imponga la sensatez, cordura y acatamiento a los códigos de conducta y leyes.

Por la salvaguarda del honor de los pueblos y en consideración a los miles de muertos, desaparecidos y mutilados dejados por las intromisiones y dictaduras militares en la Patria Grande debe mantenerse el repudio a este tipo de infamia, colonización y despojo promovido por Washington y sus aliados de ultra derecha en el hemisferio. Ellos solo apostan a ensanchar sus arcas financieras personales y de sus allegados, a exacerbar las desigualdades, la segregación racial y particularmente a hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Y para lograrlo endeudan colosalmente a sus naciones como ocurre en la Argentina con Mauricio Macri, y como corderos obedientes cumplen las exigencias crecientes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, con recortes abismales al presupuesto para desarrollo social, realidades que no pueden soslayarse.