En la medida que la comunidad internacional conoce la situación real de Venezuela, (y no la imagen virtual que tratan de imponer los medios de comunicación al servicio de las oligarquías regionales aglutinadas en buena medida en el denominado Grupo de Lima), crece el repudio a la injerencia extranjera en la Patria de Bolívar.
La vil y torpe estrategia del gobierno que preside Donald Trump en EE.UU. con respecto a la República Bolivariana demuestra su adicción a las guerras al eludir el diálogo sugerido por varias naciones del mundo, incluyendo miembros del Consejo de Seguridad de la ONU a los cuales corresponde.
Esa actitud beligerante denota intolerancia y profundo quebranto a la institucionalidad expresada en la Constitución venezolana al admitir e imponer a una marioneta autoproclamada “presidente encargado” como el señor Juan Guaidó, (no electo en las urnas y sin participación en los sufragios efectuados el pasado año para aspirar a la presidencia de esa República) lo cual ubica a la administración de Trump como transgresora del derecho internacional y los principios fundacionales de Naciones Unidas.
Con esa arbitraria postura, la Casa Blanca vulnera los postulados de la ONU concebida para promover la armonía entre países y hacer cumplir sus bases de no intervención en los asuntos internos de otros Estados soberanos, e independientes.
Por estos días ha podido constatarse cómo en la frontera colombo-venezolana y desde áreas de Cúcuta han procedido las agresiones, los lanzamientos de cocteles molotov y los desórdenes orquestados por guarimberos, delincuentes encapuchados y violentos contra los efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana encargados de proteger las áreas correspondientes a su territorio.
La mal llamada “Ayuda humanitaria” que EE.UU. y sus aliados como el dignatario colombiano Iván Duque, el mandatario de Chile Sebastián Piñera y otros de la pandilla pro-imperial en la región han querido imponer, ilegalmente, sin control sanitario alguno y con “manto caritativo” ese “ donativo intoxicado” a Venezuela, demuesyta que esas acciones son espurias y no cuentan con logística de la Cruz Roja Internacional, y particularmente del gobierno bolivariano.
Esos súbditos de Trump han quedado totalmente desacreditados, están apostando a quien precisamente es objeto de críticas y seguimiento por parte del propio Congreso de los EE.UU., la Cámara de Representantes, por el cúmulo de barrabasadas cometidas por esa administración y su séquito.
Además, la declaración inusual y arbitraria de “Emergencia Nacional” para alcanzar indignamente el obcecado propósito de construir un muro en la frontera con México, -a como sea-, le ha valido también la condena de autoridades en varios Estados de la Unión y por parte de millones de ciudadanos norteamericanos y de otras naciones.
Vergonzoso resulta la gira turística que de forma corrupta algunos financian al fraudulento Guaidó (el cual no puede gobernar ni tampoco decidir algo por si mismo, por depender del guión del senador de origen cubano-americano Marcos Rubio y sus mercenarios los cuales evidentemente muy mal lo han asesorado), con bellacos fines políticos y en busca de apoyo para una intervención armada contra su propio pueblo.
El recorrido del usurpador de poder no solo es por Colombia donde fue recibido por Duque y en Argentina por Mauricio Macri, ( ambos con graves problemas socio-económicos internos ), sino además por otros personajes como Lenín Moreno, dignatario que lo atendió y quien también omitió, -por amnesia o deshonestidad-, la farsa de este vendepatria que intenta gobernar desde el exterior promoviendo el crimen que representa el bloqueo económico-financiero, las sanciones y el injerencismo con violencia contra los venezolanos. Este bufo protagoniza acciones desestabilizadoras y reitera falacias que solo escasos de moral y raciocinio, pueden asimilar.
Indigno rol el de esos Estados que le siguen el juego peligroso al Guaidó y no pueden asumir posturas soberanas al estar secuestrados por el chantaje, la sumisión y prebendas de Washington.
Lo que se constata es que lamentablemente existen gobiernos carentes de honor que llegan al extremo de recibir con bombo y platillo a golpistas y evasores de las leyes como este señor que se paró en una calle de Caracas y se autoproclamó “presidente”, hecho solo apropiado para una novela de ficción, y creíble en mentes enfermas de odio y hacedoras de ilegalidad.
¿Qué dirían los Congresos o Asambleas Nacionales de la Argentina, Colombia, Ecuador y de otros gobiernos del clan pro-Trump, si en calles de sus países, alguien, séase diputado o no, se autoproclamara “Presidente interino” para complacer intereses foráneos? Lo pondrían de inmediato a disposición de los jueces para ser procesado por fraude, y usurpación de funciones.
El diálogo y la paz entre venezolanos, así como el irrestricto respeto a la Carta Magna de la nación venezolana es la única manera de conseguir la concordia y el desarrollo con independencia en esa República, y en Latinoamérica.