Resulta indigno que por agredir a como sea (y sin medir consecuencias) al gobierno legítimo y constitucional de la República Bolivariana, la administración que preside Iván Duque en Colombia soslaye la realidad de su nación que es sumamente compleja y amenaza la paz regional.
La irresponsabilidad de algunos Estados que ciegamente secundan a Washington puede llegar al extremo de encender una mecha inextinguible de fuego en el continente latinoamericano y caribeño. Y eso parece que no lo comprenden o no les importa a los integrantes del Grupo de Lima y a sicarios de la Casa Blanca en la desprestigiada Organización de Estados Americanos, muchos de los cuales, incluso, han sido víctimas del intervencionismo yanqui.
Así mismo varias comunidades rurales y periféricas colombianas sufren de violencia y pobreza extrema, a lo que se suman violaciones sistemáticas de los derechos humanos como el asesinato de líderes sociales que continúa sin freno en ese país, sin que se avizore solución inmediata por cuanto azuzan los conflictos, en vez de apaciguarlos. Cada vez el accionar del gobierno aleja más el cumplimiento de los acuerdos del Proceso de Paz con la FAR-EP y evaden reanudar diálogos con el ELN, entes que pueden contribuir sustancialmente a promover la armonía entre coterráneos. Pero también se deben extinguir las bandas criminales y de paramilitares que aún operan indiscriminadamente en campos y áreas fronterizas.
El señor dignatario Duque se atreve a declarar, públicamente, que su objetivo es “cercar diplomáticamente” a la vecina tierra de Bolívar, al tiempo que hace mutismo total sobre la creciente ocupación militar estadounidense en su territorio, la cual rebasa las tradicionales fuerzas existentes en las bases norteamericanas y cuales por sus pertrechos, tentáculos y esencia imperial, laceran la soberanía e independencia validada por la Constitución de la República de Colombia.
Los millones de ciudadanos de esa nación, como los de Venezuela, no quieren guerras, y mucho menos que sus hijos vayan a morir por una cruzada fabricada, orquestada y manipulada desde EE.UU como evidencian los hechos, esos que muestran el apoyo a Golpes de Estado, a intentos de magnicidio contra el mandatario Nicolás Maduro, y fomento de la guerra económica, el bloqueo y la subversión del orden institucional, etc.
El PARLASUR y demás congresos de América, incluyendo el colombiano (ante el riesgo de verse envuelto su pueblo en una beligerancia que no le compete), deberían oponerse a la intervención extranjera de manera contundente, como demandan los acontecimientos actuales.
Y no se llamen una vez más a engaño. El show de la “ayuda humanitaria” se montó desde USA con el propósito de desarticular la Revolución Bolivariana y viabilizar una invasión a ese territorio. De lo contrario, si existiese buena voluntad -que no es el caso- ¿Por qué no descongelan los miles de millones de dólares del Estado venezolano retenidos en bancos de Norteamérica y algunos de Europa?
Los verdaderos paladines de derechos humanos y democracia no censuran fondos financieros a un país que los precisa para adquirir alimentos, medicinas, materiales y equipos destinados a la salud, educación y bienestar de sus compatriotas. No hay dudas que toda esa campaña de mentiras y tergiversaciones que publican medios de comunicación al servicio de élites de poder buscan justificar la invasión foránea en la Patria de Maduro, Bolívar, Chávez...
¿A quién ha invadido Venezuela? Contrariamente a Estados Unidos no ha mandado marines ni efectivos militares a otras naciones soberanas para lanzar bombas ni matar inocentes, argumentando “daños colaterales”. Esa es la realidad que no puede ocultarse, la historia regional y universal lo refrenda.
En las últimas décadas esa república del sur solo ha fomentado la integración, ayuda, colaboración, intercambio recíproco justo y complementario a través del ALBA y Petrocaribe. También potenció misiones como la Operación Milagro y múltiples campañas educativas y sanitarias para todos sus habitantes, sin distinción alguna. Por eso la quieren cercar “diplomáticamente” como dice la OEA, Duque, y su socio el magnate presidente de EE.UU Donald Trump, el mismo que humilla a los colombianos y demás latinos que llegan al Norte, en busca de mejoras económicas.
Hay que frenar la demencia imperial y de lacayos a su servicio. Los pueblos, como puede constatarse ya en el hemisferio, no lo permitirán. Es momento de concordia y entendimiento, particularmente de respeto a las constituciones y autodeterminación de las naciones.