El presidente de los Estados Unidos a través de sus representantes en países latinoamericanos y caribeños está embaucando a naciones de la región en una escalada guerrerista sin precedentes que puede involucrar a varios pueblos hermanos.

Colombia, Brasil, República Dominicana, Aruba, Curazao, Puerto Rico, Bonaire y otros próximos a esta área geográfica deben evitar que sus territorios sean empleados para una cruzada antibolivariana con el pretexto de “ ayuda humanitaria” indigna, migajas que pretenden entregar ilegalmente para abrir la brecha a una nueva invasión militar de Estados Unidos en América.

Está en juego la paz hemisférica y la imprescindible colaboración recíproca y complementaria entre las naciones de estas latitudes. Y particularmente está en peligro la estabilidad y vida de millones de personas que cohabitan estas tierras ancestrales.

¡No a la injerencia foránea en los asuntos internos de los venezolanos o de cualquier pueblo del mundo!. Washington tiene records de intervencionismo en otros territorios y en todos sin distinción, ha dejado a su paso muerte, desaparecidos, destrucción y desolación.

Solo el diálogo franco y honesto y el respeto inalienable al derecho internacional pueden salvar a Nuestra América y al planeta.