La complicidad de Washington y algunos de sus aliados con el intento de golpe de Estado en Venezuela muestra la doble moral de algunos gobiernos que llegan hasta quebrantar a límites inaceptables el derecho internacional instituido por las Naciones Unidas, luego de la II Guerra Mundial.

Peligroso precedente el avalar a un usurpador del poder como el diputado de la Asamblea nacional en desacato Juan Guaidó, ente que muestra su verdadera cara de vendepatria y delincuente, al prestarse para una maniobra tan indigna como la de solicitar la intervención militar de otro país en su propia nación. En el argot jurídico en EE.UU. Europa o cualquier otro territorio del mundo eso solo tiene un nombre: Traición a la tierra que lo vio nacer, y a la cual le debe respeto y amor.

La Organización de Estados Americanos, otro satélite, quizás el más desprestigiado de la Casa Blanca, por la sumisión del señor secretario general Luís Almagro debía revisar la historia y en asamblea de la OEA llevar el tema de las invasiones efectuadas por EE.UU. en Latinoamérica, el Caribe y el mundo, y además sus horrendas consecuencias, entre las que se ubican miles de muertos, destrucción de ciudades y pueblos, migraciones desenfrenadas, etc.

Ello ayudaría a algunos miembros de esa institución patrocinada por Norteamérica a ser menos lacayos y a proyectar un granito de arena de dignidad hacia la comunidad internacional.

Quieren imponer una “Ayuda Humanitaria” intoxicada de injerencismo y sin al anuencia de la ONU que tiene sus instituciones de ayuda al desarrollo, sin condicionamientos políticos. Penoso rol el del gobierno de Colombia que presta su frontera para tanta ignominia, no comprende que su pueblo está también siendo humillado con la imposición de Washington que permite a sus efectivos militares hacer y deshacer desde sus bases en esa nación hermana de Venezuela.

El colmo es que hay quienes reconocen al usurpador Guaidó; y los ciudadanos en la República Bolivariana se preguntan; ¿Quiénes votaron por él?
Acusan de dictadura al proceso bolivariano que preside Nicolás Maduro, y quien ha visto una “dictadura tan singular” que hace más de veinte elecciones con observadores foráneos, permite medios de comunicación y acceso a redes sociales que inventan falacias y distorsión de la verdad de manera cotidiana sobre esa tierra de libertadores que tratan de doblegar.

Así mismo y a diferencia de otros, incluyendo a EE.UU., actualmente los venezolanos sin distinción de partido, clase, raza, ni credo, tienen posibilidades de asistencia de salud, cultura y educación, gratuita, algo que las auténticas dictaduras militares, esas que apoyó Washington en el sur de Latinoamérica (como las monstruosas de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y otras partícipes además de la “Operación Cóndor”), jamás ofrecieron esas bondades a los pueblos.

Por el contrario asesinaban y desaparecían seres humanos y hasta niños, sin proceso judicial alguno. Y sin embargo esos pro-pinochetistas eran aliados íntimos de las administraciones estadounidenses, y la inmoral OEA siempre hizo mutismo total de esas barbaries de los fascistas.

Existen también otros países de la región como los del Grupo de Lima, algunos de los cuales sí conocieron lo que es un régimen dictatorial, y lamentablemente se someten cada vez más a la administración de Donald Trump, (a pesar de sus chantajes y trato despectivo a los nativos de esas naciones), y como corderos, vergonzosamente, admiten que Trump les niegue con su accionar beligerante y discriminatorio, el derecho a sus compatriotas de emigrar libremente y aspirar a una vida decorosa.