Resulta desesperada y aberrante la actitud de la oposición venezolana al considerar la autoproclamación del Juan Guaidó como “Presidente encargado”, ente jamás electo en las urnas por el pueblo y quien demuestra desconocer las leyes y el contenido de la Carta Magna de la República Bolivariana.

Esta acción es parte de la maniobra desestabilizadora orquestada desde Washington en contubernio con la Organización de Estados Americanos y la ultraderecha regional caracterizada por el irrespeto a la soberanía de otros países y la práctica del injerencismo desvergonzado en los asuntos internos de otras naciones independientes.  

Los Estados Unidos deberían concentrarse en solucionar sus problemas internos y enmendar el asunto del cierre del gobierno que daña a miles de ciudadanos y pone en peligro la estabilidad de su población con esas medidas absurdas y de chantaje impuestas por el Jefe de la Casa Blanca Donald Trump con relación a la ejecución del muro fronterizo con México. Lo más conveniente sería proponerse limpiar la desfavorable imagen que tiene esa administración en temas de política exterior y también localmente en el trato a  migrantes y minorías afroamericanas y latinas, entre otras vejadas en ese territorio del Norte.

Con el patrocinio a la oposición violenta y muy resentida de Venezuela Norteamérica intenta repetir los tradicionales Golpes de Estado y el ignominioso intervencionismo en América Latina y el Caribe. Ese que fomenta odios y enemistades profundas en el continente.

Usurpar el poder proclamándose “Presidente encargado” el señor Juan Guaidó en una nación donde existe un dignatario legítimamente electo por el pueblo como Nicolás Maduro refrendado en elecciones democráticas y con más de 8 millones de votos resulta un hecho de suma gravedad y constituye una violación flagrante de las leyes y la Constitución, no solo en ese país, sino en cualquier otro del mundo, si ocurriese algo similar.

¿Qué diría Trump y el Congreso de EE.UU. si alguien opuesto a su administración autoproclamase un gobierno paralelo al suyo y desconociera las legislaciones de ese Estado? Sencillamente sería puesto a disposición del sistema judicial por usurpación de poderes, como corresponde legalmente en cualquier proceso político del planeta.

La inmensa mayoría de los venezolanos y también latinoamericanos quieren la paz y no la intervención extranjera, ni tampoco están dispuestos a aceptar la manipulación de su integridad y soberanía nacional.

Para que exista concordia hay que aprender, ante todo, a  respetar el derecho ajeno. Y los errores garrafales de la oposición han sido diseminados por el orbe, a pesar de que grandes medios de comunicación han sido cómplices del mutismo sobre muchas de esas acciones fallidas. Y solo son responsabilidad de la entonces denominada “Mesa de la Unidad Democrática”, MUD, con sus  promotores de actos violentos y guarimbas que trajeron muerte y dolor a cientos de familias.

Igualmente, las acciones terroristas salvajes como la quema de personas, instituciones oficiales, comercios, etc., que también protagonizó la oposición dejaron profundas huellas en sus coterráneos. Y no es secreto que la derecha venezolana está muy dividida, sin liderazgo real ni proyecto de país alguno. Y eso bien lo conoce Washington y sus aliados en el hemisferio, aunque tratan de edulcorarlo.

Es hora de dejarlibre a Venezuela para decidir su futuro. Solo los procesos electorales cuando corresponden, pueden definir la voluntad soberana de una población. Y hay que tener presente que en esa nación, -a diferencia de muchas otras-, se han realizado más de 20 escrutinios y solo la oposición anti bolivariana ha aceptado el resultado una o dos veces cuando ha ganado, de ahí su reiterado oportunismo político, al extremo de potenciar intervenciones foráneas contra la Patria de Bolívar.