El pragmatismo de administraciones de países de la región y Europa que en décadas anteriores contribuyó a una relación armónica, de colaboración y respeto a las diferencias manifestado a través de la Unión de Naciones Suramericana, el Mercado del Sury la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, ha sido lacerado por la irracionalidad de Washington con respecto a Venezuela.

La posición del gobierno de los Estados Unidos y sus aliados con respecto a la Revolución Bolivariana solo puede catalogarse de obcecada, retrógrada y peligrosa, por cuanto les asiste la falta de voluntad para el diálogo, convivencia pacífica y colaboración mutua, orientada a beneficiar a ambas partes.

Y resulta muy evidente el ataque desaforado y además errado contra el legítimo presidente de ese país, Nicolás Maduro. De igual manera, antes lo hicieron con el extinto dignatario Hugo Chávez al cual también intentaron desplazar del poder refrendado por el pueblo en elecciones democráticas y participativas, organizando acciones subversivas con la ultra reaccionaria oposición venezolana aglutinada en la “Mesa de Unidad Democrática” (MUD), con el apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en el golpe de Estado contra Chávez, en el año 2002.

Los propósitos de ayer y hoy son los mismos. La historia se repite con guiones similares y adecuaciones; el objetivo esencial: destruir el proyecto bolivariano basado en mayor equidad y justicia económica y social para todos los ciudadanos.

Existe una desesperada campaña mediática de comunicación financiada por la contrarrevolución venezolana y por EE.UU., el cual no cesa en su empeño por desarticular los gobiernos, movimientos progresistas y revolucionarios del mundo, sin comprender que están promoviendo con sus sanciones y asedios (incluso próximo a sus fronteras), peligrosos conflictos que pueden provocar fuego en toda la región.

Las medidas de desestabilización, el muro que el representante de la Casa Blanca Donald Trump anhela levantar en línea fronteriza con México, unido al quebranto sistemático a los derechos humanos de las minorías y al derecho de los pueblos a su autodeterminación, solo continuarán generando mayores avalanchas migratorias.

Asimismo, los índices extremos de pobreza y las beligerancias pueden acrecentarse con las nefastas estrategias del desmedido proteccionismo de Trump, además con las guerras económicas, penalizaciones y falacias orquestadas contra aquellas naciones que decidieron destinos contrapuestos al que potencia Washington y el neoliberalismo salvaje que ellos defienden, el cual ha demostrado rotundos fracasos en el hemisferio y también en otros Estados del mundo.

Debe imponerse en las relaciones internacionales la cordura, sabiduría y el multilateralismo. Cada país tiene derecho a elegir el sistema político, económico y social que se le antoje, y no por eso hay que privar a los pueblos de la cooperación o la solidaridad entre naciones vecinas y hermanas.