Con la reelección del presidente Nicolás Maduro al frente del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, ese pueblo ofreció importantes lecciones de democracia participativa y patriotismo al Grupo de Lima, caracterizado por la intervención en los asuntos internos de esa nación del Sur, y también a todos aquellos que apostaron al desconocimiento de la voluntad popular refrendada en las urnas por amplia mayoría de votos de los ciudadanos.

El 10 de enero asumió Maduro un segundo período electoral que abarcará del 2019 al 2025, mostrando este hecho el respaldo de la inmensa mayoría de ese pueblo al proyecto bolivariano iniciado por el Comandante Hugo Chávez y continuado por el actual mandatario.

A pesar de la férrea y criminal campaña mediática de descrédito y manipulación de la información orquestada contra la administración de ese país por parte de las élites de poder y las transnacionales de la comunicación al servicio de Washington, y la guerra económico-financiera impuesta a millones de hombres y mujeres de esa noble tierra, sigue viva esa Revolución que trajo consigo conquistas socio-económicas, nunca antes alcanzadas en la otrora IV República, la cual solo potenció las abismales desigualdades, la expoliación de los recursos venezolanos y favoreció a las oligarquías locales.

Los que hoy, con total ceguera política, atacan a Venezuela desconocen los principios del derecho internacional e irrespetan la decisión inquebrantable de esa población de decidir su destino, apostando por la profundización y consolidación del Programa de la Patria iniciado por Chávez.

Las aberrantes campañas de falacias e irracionalidad desatadas contra Cuba a partir de 1959, muchas de las cuales son empleadas en la actualidad con guiones muy similares contra el territorio de Bolívar, hacen rememorar, cómo se entretejen mentiras e imágenes profanas por parte del imperio sobre países y líderes progresistas de la región que se oponen a la repetición y el sometimiento de las órdenes de Norteamérica el cual sigue considerando a Latinoamérica como su traspatio.

Y resulta tremendamente bochornoso que naciones hermanas del continente aglutinadas en el denominado Grupo de Lima, sigan plegándose a los designios del magnate de la Casa Blanca, Donald Trump, y a sus patrocinadores quienes han dado pruebas fehacientes de intolerancia y humillación hacia los territorios desde el Río Bravo hasta la Patagonia, incluyendo a las islas caribeñas que chantajea y amenaza.

Pero la última palabra la tendrán siempre los pueblos convocados a resolver sus problemas y decidir el sistema político, económico y social que consideren más apropiado para allanar el camino hacia el desarrollo sostenible con paz, justicia y plena independencia. Y Venezuela, luego de decenas de plebiscitos, decidió por la Revolución Bolivariana.