Siguiendo el guión elaborado por la Casa Blanca contra países independientes que no comparten las políticas neoliberales y de servilismo a Norteamérica, naciones del Grupo de Lima, aliadas a la administración de Donald Trump (que además muestra subestimación y desprecio hacia los territorios latinos), continúan trasgrediendo la paz demandada por los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Con las viscerales campañas orquestadas por las transnacionales de la comunicación financiadas por el gran capital occidental en contubernio con el gobierno de EE.UU. contra Venezuela, aquellas administraciones de la región y Europa que le secundan, sin medir las consecuencias, están siendo cada vez más manipuladas y vergonzosamente inmiscuidas en graves violaciones del derecho internacional.

¿A dónde ha ido a parar el respeto por el derecho ajeno de los pueblos a su libre determinación?

En este milenio los Estados que conforman la CELAC decidieron fomentar la paz y concordia entre sistemas diferentes existentes, y con ello fomentar el desarrollo sostenible con la mayor equidad posible para los millones de ciudadanos que habitan estas tierras ancestrales y que en su mayoría viven en condiciones de pobreza extrema, carencia de servicios dignos de educación y salud, abismal discriminación derivada de estrategias segregacionistas impuestas a los pueblos, durante siglos.

Sin embargo, la ceguera política y falta de voluntad de quienes actúan contrariamente a los postulados de la Carta Fundacional de las Naciones Unidas encaminada a solucionar los perentorios problemas que atañen a las sociedades contemporáneas, están contribuyendo al incremento de la inseguridad, la recesión económica, el aumento del desempleo, de los justos reclamos de los derechos de los trabajadores, estudiantes y mayoría ciudadana.

Además, la irresponsabilidad de quienes secundan actos violatorios de la autodeterminación y soberanía de las naciones como acontece hoy desde la denigrada OEA que fomenta acciones contra la República Bolivariana y Nicaragua e intentan potenciar desde ese ente regional, el desconocimiento a los poderes públicos, legítimos y elegidos en esos países por votación popular.

El Grupo de Lima muestra un escabroso rol secundando a Trump en la antidemocracia, los conflictos bélicos, el quebranto de los derechos humanos de las poblaciones del Sur y la ingobernabilidad que a muchos puede alcanzar.

Y ello solo para satisfacer la torpeza, intolerancia, e ineptitud de aquellos que legislan para sí y no para el bienestar e integración de los pueblos con culturas, idiosincrasia y anhelos similares.