No existe población en la faz de la Tierra que esté de acuerdo con el estímulo a las beligerancias. Solo gobiernos que responden a intereses oligárquicos, oportunistas, y serviles a potencias foráneas pueden ser eco de estrategias belicistas las cuales podrían acarrear consecuencias irreparables para sus pueblos.

Los compatriotas de América Latina y el Caribe no asimilarán jamás administraciones irresponsables capaces de traicionar la confianza que sus electores le brindaron en busca de estabilidad, desarrollo, y paz.

Por el contrario, (luego de conocer el ignominioso pasado vivido durante la anterior centuria con intervenciones militares, Golpes de Estado y Operación Cóndor), los millones de ciudadanos del continente no aceptarán la adhesión manifiesta de algunos dignatarios de la región que  de manera vergonzosa apoyan las políticas injerencistas de Washington basadas en sanciones, bloqueos, y expansión de la carrera armamentista.

Hay países del hemisferio que penosamente cuentan hoy con dirigentes que vienen quebrantado la Declaración de Zona de Paz emitida por todos los Jefes de Estado y Gobierno en la Cumbre de la CELAC celebrada en La Habana hace apenas unos pocos años.

Esta zona del mundo precisa de sostenibilidad económica y seguridad para favorecer el desarrollo con justicia social, y al mismo tiempo poder demostrar las potencialidades integrales con que cuenta esta porción del universo. 

De manera absurda e insensata se han incrementado las bases militares estadounidenses en el territorio de Colombia y también existen marcadas intenciones de seguir incrementándolas en otras latitudes.

Ello conspira contra los anhelos de armonía de los habitantes de Latinoamérica y también del Sur. Se escuchan cantos de guerra entre pueblos hermanos como Venezuela y Colombia, y en ello tienen gran responsabilidad quienes desde la Casa Blanca, azuzan esos conflictos.

La contrarrevolución radicada en Miami en contubernio con algunos congresistas y representantes de la administración de Donald Trump, quebrantan con declaraciones belicosas los postulados de la Constitución de EE.UU. y también de las Naciones Unidas que demandan respeto a la autodeterminación y soberanía de los Estados.

De producirse una agresión en esta área, estos entes promotores de la muerte tendrán que responder por sus infames actos. Igualmente sus pueblos y la comunidad internacional les pedirán cuenta por la afrenta y además, por las gravísimas y funestas consecuencias que se derivarían de tal desatino. 

Con el fin de evitar repercusiones catastróficas en estas tierras de América, deberían ser juzgados como corresponde por leyes nacionales y universales estos actos de lesa humanidad.

Aquellos delincuentes, paramilitares y mercenarios financiados por elementos sombríos vinculados a gobiernos reaccionarios que vergonzosamente se prestan a esos oprobios y a subvertir el orden en países soberanos, tienen que ser condenados.

Hay que rechazar a quienes prefieren jugar con la muerte por encima de la vida. A quienes convocan a incursiones armadas, sabotajes, arreglan planes de desestabilización, o intentos de magnicidio como por ejemplo, el suscitado recientemente contra el legítimo presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y cual pudiese ocurrir contra cualquier otro mandatario, sino se pone coto a esa barbarie.

En una era destinada a la civilización y el progreso, esos hechos no pueden ser sostenidos y menos aún que existan cómplices que cobijen a los verdugos. 

Ningún pretexto o falacia justifica una invasión o un crimen. La convivencia pacífica debe sustentarse, es la única forma para que los pueblos alcancen el avance y bienestar que sus coterráneos, precisan.