El cierre permanente a partir de este lunes de la oficina en La Habana del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés) viene a formalizar lo que en la práctica era una casi total suspensión de operaciones.

Más preocupante resulta el método empleado por Washington para justificar sus acciones.

USCIS es la agencia federal que supervisa la inmigración legal a Estados Unidos, cuenta con más de 200 oficinas alrededor del mundo y está bajo la jurisdicción del Departamento de Seguridad Nacional.

Entre sus funciones está el procesamiento de las solicitudes de ciudadanía, así como las reclamaciones para traer familiares directos a vivir y trabajar en Estados Unidos.

Desde septiembre del año pasado, casi todos los servicios de la USCIS en Cuba se desplazaron a México u otros consulados alrededor del mundo.

El cierre de la oficina anunciado este lunes es la última de una serie de acciones unilaterales que afectan el normal funcionamiento de los vínculos entre los dos países.

Estados Unidos retiró en septiembre del año pasado a la mayoría de sus diplomáticos en La Habana, alegando riesgos por una serie de “incidentes de salud” supuestamente presentados por miembros de su personal.

Sin embargo, hasta el momento no existen pruebas concretas respecto a que la sintomatología alegada responda a una causa exclusiva o que esté relacionada con actos deliberados contra los funcionarios norteamericanos.

La mentira como justificación

“Los servicios de visas de la Embajada Estadounidense en La Habana fueron suspendidos casi en su totalidad desde noviembre de 2017 debido a una reducción de personal como resultado de los ataques que afectaron la salud de los empleados de la Embajada Estadounidense en La Habana”, refiere el comunicado publicado en la página web de USCIS el pasado lunes.

En el documento se mantiene el uso del término “ataque” a pesar de que cerca de dos años de investigaciones, tanto estadounidenses como cubanas, no han arrojado una sola evidencia que confirme la ocurrencia de los “hechos” alegados ni mucho menos una participación cubana.

A lo largo de los últimos meses, las hipótesis estadounidenses sobre los supuestos incidentes en La Habana han pasado de “ataques acústicos” a virus y de conmociones cerebrales a ondas de microondas, sin que se presente una sola prueba.

Las exóticas explicaciones que se han manejado, incluidos rayos sónicos y neuro-armas de ciencia ficción, han sido descartadas una tras otra por la comunidad científica.

Las autoridades cubanas denuncian la manipulación política de este asunto y que Washington tergiversa los hechos para justificar una agenda de agresión impopular dentro de los propios Estados Unidos, que solo complace a un grupo minoritario en La Florida.

El director general de Estados Unidos del ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, denunció recientemente el empleo del término ataque.

“Miente quien usa el término ataque para referirse a los síntomas reportados por diplomáticos de EEUU. Lo hace conscientemente, con una agenda política bien definida y una carga de oportunismo”, señaló Cossío en la red social Twitter.

(Tomado de Cubadebate)