Presidente brasileño Jair Bolsonaro Foto: Reuters

El recién electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, no puede condicionar la colaboración solidaria y decorosa que ofrece la Mayor de las Antillas a ese noble pueblo, el cual nada tiene que ver con las malas intenciones de su próximo mandatario el cual ya presenta signos de irracionalidad.

Este señor muestra profunda ignorancia sobre la realidad de  Cuba y el alto nivel profesional de sus médicos y paramédicos, (gigantes de las batas blancas) que durante décadas han prestigiado con su labor el sistema integral de salud de la Mayor de las Antillas.

Los ciudadanos de la Isla podrían darle lecciones gratuitas de sensibilidad humana y ayuda al prójimo, algo que tanto Bolsonaro como otros sicarios de Washington, desconocen.

Seguramente sus allegados en el gabinete “selecto” que está conformando y cual incluye al juez Sergio Moro para ministro de Justicia, (casualmente el artífice del encarcelamiento y persecución contra de Lula), representan junto a él, lo más reaccionario de la ultraderecha internacional. ¿Cuál de ellos habrá contribuido a promover o defender la atención médica u otro tipo de colaboración desinteresada, humana y de calidad hacia los más desposeídos, los sin tierras, u otros víctimas de la explotación del hombre por el hombre, esos que viven en condiciones de extrema pobreza y áreas inaccesibles?

En cualquier lugar recóndito, inhóspito y apartado de la geografía del gigante del Sur y también de otras naciones del continente y el mundo puede encontrarse la mano fraterna de un especialista o técnico cubano brindando servicios a la población más necesitada, algo que tradicionalmente y con plena voluntariedad, los galenos de la tierra de Martí y Fidel, realizan.

Antes de hablar o blasfemar contra los cubanos, el señor Jair debería informarse mejor. Sus socios como Marco Rubio lo están embaucando en su cruzada anticubana, todo indica que está asesorado por lo más retrógrado y aberrante de la resentida mafia miamense cobijada en la Florida.

Más de 160 países del orbe han constatado la mano solidaria y amiga procedente de la nación caribeña. Y actualmente más de 60 países cuentan con colaboradores de la salud, también los hay en programas educativos que han conseguido librar del analfabetismo a millones de personas.

Con la participación de profesionales cubanos que indignamente Bolsonaro a tratado de desacreditar, millones de seres humanos han recuperado también la vista sin costo alguno a través de la Operación Milagro, logro además del ALBA que ofrece nueva esperanza de vida.

Las declaraciones amenazantes y condicionadas del futuro mandatario para “decidir permitir la continuidad de la asistencia sanitaria al pueblo brasilero” son inaceptables y laceran la dignidad de todo un país acostumbrado a ser profundamente solidario ante catástrofes naturales como terremotos, huracanes, y también graves epidemias como la de ébola, cólera, dengue, etc., en las cuales ha sido significativa la participación de la Isla.

No hay dudas que el nuevo engendro anticubano que asumirá pronto el poder en la hermana Brasil ya denota falta de conocimientos, preparación política, al tiempo que su descabellado accionar omite principios básicos que rigen las relaciones internacionales y de buena vecindad entre latinoamericanos y caribeños.

El también ex militar que no oculta su admiración por personajes y prácticas reconocidas como fascistas o pinochetistas viene actuando de manera oportunista lo cual le permitió granjearse el voto popular en las pasadas elecciones.

Se valió del monstruoso uso de mentiras, exacerbadas campañas de tergiversación, y nula ética fomentando la violencia con los adversarios y arremetiendo (a través de medios de comunicación parcializados con la oligarquía y utilizando de forma inapropiada las redes sociales para confundir a la opinión pública) sin escrúpulo alguno contra el Partido de los Trabajadores y principales líderes.

Sin embargo el PT tiene en su haber durante los mandatos de Luis Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff el impulso a conquistas económicas y sociales, nunca antes tenidas en cuenta por gobiernos que les antecedieron, ni tampoco por el golpista Michel Temer el cual sigue olvidando a los pobres de la Tierra.

Brasil merece prevalezca la paz, no solo en su interior, sino también en la región. Hay que tener en cuenta que es una de las zonas más desiguales donde aún predominan flagelos como; la miseria, discriminación racial, étnica y de clase. Y precisamente tiene una de las distribuciones de las riquezas más diferenciadas a causa del neoliberalismo y la expoliación de los recursos lo cual potencia mayores abismos entre pobres, y ricos.