El 14 de junio de 1845 nació el General Antonio Maceo y Grajales, el Titán de Bronce. Hoy su pueblo le rinde merecido tributo a este grande de la historia.

Fue uno de los patriotas insignes más representativos de la lucha por la independencia de Cuba, y reconocido por el altruismo y coraje mostrado durante las epopeyas del 68 y el 95 del siglo XIX.

Su fortaleza de brazo y pensamiento le valieron el respeto y admiración de sus compatriotas, al tiempo que inspiraron, durante las cientos de cargas al machete, temor a los adversarios.

Fue un importante estratega militar, quien tuvo un preponderante rol en la campaña de oriente a occidente durante la Guerra Necesaria frente al colonialismo español, destacándose por sus acciones combativas y tácticas ante los peninsulares.

También es recordado por su inquebrantable decisión en Mangos de Baraguá al no aceptar la ignominia que significaba el Pacto del Zanjón (documento presentado por el entonces Capitán General español, Martínez Campos, quien proponía a la Isla una paz sin independencia), revelando Maceo con su indomable gesto la firmeza e intransigencia revolucionaria de este gigante. El hecho pasó a la posteridad como la “Protesta de Baraguá”.

El Titán de Bronce es símbolo de intrepidez y amor infinito a la Patria. Muere en la zona de San Pedro, enfrentando al invasor el 7 de diciembre de 1896, en momentos que era evidente el final de la campaña insurgente en el occidente del país, y se previa la derrota de la Metrópoli, España, en suelo cubano.