Ningún gobierno y pueblo digno del planeta puede validar una invasión a otro país por el mero hecho de no compartir la ideología neoliberal y capitalista que promueve y quiere imponer Washington en el mundo.

La historia de intervenciones militares de la Casa Blanca está fundamentada esencialmente en intereses económicos y geopolíticos y para ello agreden a todos aquellos países que soberanamente no comparten ni aplican el sistema que trata de imponer la administración norteamericana en América latina, y otras latitudes.

Los sucesos de Girón acontecidos en abril de 1961 en Cuba son expresión de la irracional política de Norteamérica, carente de decencia y sensatez.

Foto: Archivo de los Medios de Prensa Cubanos

Solo bastaron unas 72 horas para derrotar la embestida mercenaria contra la Mayor de las Antillas, a pesar de la colosal logística y los pertrechos armamentistas empleados por la denominada brigada 2506 constituida por elementos contrarrevolucionarios, batistianos y delincuentes reclutados en Miami, con la anuencia de EE.UU., el cual brindó sustancial soporte a la criminal aventura.

Pero la entonces administración estadounidense de turno volvió a equivocarse al no prever la respuesta de los cubanos. Subestimaron el arrojo y la decisión de vencer o morir de una población que mayoritariamente defendía la Revolución, la cual trajo consigo conquistas socio-económicas antes inimaginables, y puso fin a una de las más sanguinarias dictaduras del continente: la de Batista.

Foto: Archivo de Granma

Luego de múltiples acciones de sabotaje y terrorismo de Estado, practicado por Washington contra La Habana, Girón pasó a la historia universal como la Primera Gran Derrota del Imperialismo en América.

Ello aconteció en momentos que la Isla iniciaba un proceso estructural nuevo y auténtico, y estaban aún en fase de creación y fortalecimiento sus Fuerzas Armadas y Milicias Nacionales ante las constantes amenazas y agresiones procedentes de la Florida, lugar que cobijó asesinos, delincuentes y ultra reaccionarios que huyeron de Cuba robando, entonces, millones de dólares y recursos del país.

Y aún así los tradicionales halcones de la guerra y los belicosos que rodean al actual presidente Donald Trump como los señores Pompeo, Pence, Abrahams, Marco Rubio y otros arrimados y muy mal seleccionados por el dignatario que solo proyectan desmedidas ambiciones, ansias guerreritas y a la vez cuentan con una larga hoja de servicios deshonrosos, determinados por sus estrategias injerencistas, turbulentas, y catalogadas por las consecuencias dejadas en miles de ciudadanos, como antihumanas y contrarias a la convivencia pacífica entre naciones vecinas y soberanas.

De ahí el mayoritario rechazo que se evidencia en las Naciones Unidas a la política exterior de la Casa Blanca basada en chantajes, sanciones, bloqueos, acosos y agresiones de lesa humanidad contra poblaciones del planeta, algunas de las cuales son todavía hoy, víctimas del odio visceral que destila la maquinaria perversa que corroe a los más próximos al gobierno de Trump.

Cuba seguirá siendo un eterno Baraguá y un Girón de victoria frente a la ignominia de quienes osen o intenten mancillar la bandera de la estrella solitaria y la independencia de la Patria.