Foto: Ecured

Dos centurias atrás nació el luchador independentista cubano Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, el 18 de abril de 1819, en la ciudad de Bayamo, perteneciente a la antigua provincia de Oriente.

Sabemos que proviene de una de las familias más ricas de Bayamo, dueños de varias haciendas, ingenios y fincas urbanas, que desde pequeño le proporciona una educación esmerada y la posibilidad de graduarse de bachiller en Derecho Civil en la Real y Pontificia Universidad de La Habana en 1838, aunque su anhelo era ser militar.

Al retornar a Bayamo, contrae matrimonio con su prima hermana María del Carmen de Céspedes y del Castillo, el día de su 20 cumpleaños. En enero de 1840 nace su primer hijo, que en su honor llaman Carlos Manuel, unión de la que también nacen María del Carmen y Oscar. Luego viaja a España para cursar estudios en la Real y Literaria Universidad de Cervera, donde obtiene el título de Abogado del Reino, y se involucra en las luchas partidarias españolas.

Gracias a la cuantiosa fortuna que recibe de sus padres viaja por varios países de Europa como Francia, Italia, Alemania e Inglaterra, además de Turquía y algunas regiones del imperio de los zares rusos. En estos viajes aprendió otros idiomas, se relaciona con la más alta aristocracia, pero toma conciencia de los grandes contrastes sociales.

Regresa a la isla con nuevas ideas de industrialización. Abre una oficina de abogado en Bayamo con mucho éxito profesional. Además, se vincula significativamente a la vida cultural, con importantes contribuciones, llegando a ser considerado la máxima figura de la historia de esta ciudad. Luego se traslada a Manzanillo donde también tuvo una activa participación en la cultura.

En septiembre de 1867 comenzó a conspirar en esta ciudad, junto a Francisco Vicente Aguilera y Perucho Figueredo. Más tarde fundó y presidió la Junta Revolucionaria de Manzanillo. Por esa época adquiere el ingenio azucarero La Demajagua. Al año siguiente muere su esposa.

Tuvo una relación extramatrimonial con Candelaria Acosta, hija del mayoral del ingenio, de la que nace Carmita. Al quedar embarazada otra vez, la envía a Jamaica, debido al peligro que implicaba la guerra y ahí nace Carlos Manuel.

El 10 de octubre de 1868 ocurre el levantamiento en el Ingenio La Demajagua y libera a sus esclavos, lo que marca el inicio de La Guerra de los Diez Años. Al día siguiente atacan el pueblo de Yara, hecho conocido como Grito de Yara, donde por primera vez se escucha el grito de ¡Viva Cuba libre!, pero fueron vencidos por una columna española. Parten hacia Bayamo y después de varios alzamientos toman esa ciudad el día 20, donde cantan por primera vez en público el Himno Nacional.

Poco después, el Gobernador español envía refuerzos a Bayamo. Al verse perdidos, deciden incendiar la ciudad para que no cayera en manos enemigas, era el 12 de enero de 1869. En abril de ese mismo año, Céspedes es elegido el primer Presidente de la República en Armas.

Un hecho de gran relevancia en la historia fue cuando en marzo de 1870 capturan al hijo menor de su primer matrimonio, Amado Oscar de Céspedes y Céspedes. El Capitán General de la isla, Caballero de Rodas, le exige que escriba una misiva a su padre para que depusiera las armas, pero al negarse, lo fusilan.

El Capitán general le envía una carta para ofrecerle la vida de su hijo a cambio de un arreglo personal a lo que el patriota respondió: “Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueren por las libertades patrias”. Por esto fue proclamado Padre de la Patria.

Volvió a casarse, ahora con Ana de Quesada y Loynaz, hija del General Mambí, Manuel de Quesada. Ella tuvo que abandonar el país y viaja a Estados Unidos, por lo que solo se comunicaban a través de cartas. De este matrimonio nacieron Carlos Manuel de Céspedes y Gloria Dolores.

Le resultó difícil el ejercicio de su gobierno debido al antagonismo de los miembros de la Cámara de Representantes, quienes le atribuían una actitud antidemocrática y dictatorial. Se le dificultó ejercer un verdadero mando, como poder ejecutivo, debido a los arraigos caudillistas y regionalistas de una gran parte de los jefes.

En 1873 es depuesto de su cargo de Presidente, acusándolo de ser nepotista y tirano, entre otras cosas, y lo confinan, desde el 23 de enero de 1874, al rancho de San Lorenzo, un intrincado lugar en la Sierra Maestra, donde se dedica a escribir su diario y a enseñar a leer y escribir a los niños.

Ana de Quesada, en más de una ocasión, ofreció a su esposo enviar una embarcación clandestina para recogerlo en las costas cubanas, y llevarlo junto a ella y sus hijos, pero Céspedes se negaba porque no quería abandonar la isla de manera ilegal. Había solicitado un salvoconducto a la Cámara (nunca lo recibió) y esperaba por ese documento para emigrar. Consideraba indigno huir no solo de los españoles, sino de los propios cubanos.

Debido a una delación, es atacado por un grupo de españoles, el 27 de febrero de 1874. Se defendió de sus captores con un revólver, única arma que conservaba en su poder, y cuando no le quedaban balas, prefiere arrojarse por un barranco antes que ser apresado.

Su cuerpo fue enviado por los españoles en una goleta al muelle de la Capitanía del Puerto de Santiago de Cuba, junto a unas gallinas, puercos y sacos de carbón, y lo colocan bajo una ceiba. El cadáver fue llevado al antiguo hospital civil La Caridad, y expuesto al público, que pudo ver las heridas sufridas en su caída por el barranco. Luego lo trasladan a la Casa de la Intendencia, y esa misma tarde lo conducen en un carretón al cementerio de Santa Ifigenia, donde lo arrojan a una fosa común. Este fue sin dudas un valiente, pero solitario y triste final para el precursor de las luchas independentistas de Cuba.

Cinco años más tarde exhuman sus restos y son llevados a un lugar secreto de la misma necrópolis, y lo sepultan sin identificación alguna. En 1898 se revela el lugar de su enterramiento, donde colocan una tarja. Dicen que durante la República tuvo otros enterramientos y se construyó un mausoleo para honrar su memoria.

Actualmente reposa por fin en Santa Ifigenia, desde el 10 de Octubre de 2017, en una línea adelantada donde se encuentran los iniciadores de las gestas libertarias, denominada Camino de los Padres de la Patria, junto a Martí, Mariana Grajales y Fidel.

Si queremos ahondar sobre su vida debemos leer el libro: Carlos Manuel de Céspedes. El diario perdido (), basado en sus escritos personales, publicado en varias ediciones por Eusebio Leal Spengler y El camino de la desobediencia, del escritor Evelio Traba, quien busca rellenar los espacios no contados de la historia del patriota, mostrando sus más profundas relaciones humanas.