“Celia era y será siempre para todos sus compañeros, la fibra más íntima y querida de la Revolución Cubana; la más entrañable de nuestras hermanas. La más autóctona flor de la Revolución”. Así lo expresó Armando Hart Dávalos, en la despedida de duelo de Celia Sánchez Manduley, la guerrillera de la Sierra, mano derecha de Fidel Castro y alma de los necesitados, quien falleció hace 39 años, el 11 de enero de 1980.

Su gran fortaleza de carácter, tenacidad, sensibilidad patriótica y política comenzó a formarse desde su niñez en Media Luna, hoy provincia de Granma, donde nació el 9 de mayo de 1920, pues sus padres le inculcaron sentimientos de justicia y dignidad.

Específicamente su papá, el doctor Manuel Sánchez Silveira, cuando viajaba a La Habana, la llevaba a ella y sus hermanos a la Casa Natal de José Martí y les hacía palpar la escalera que conducía al piso superior, y les decía: “Por ahí de niño pasó su mano el Maestro”.

Celia lo acompañaba a las visitas a los enfermos en el municipio de Pilón. Entraba a los bohíos de los campesinos y trabajadores agrícolas, que solo tenían empleo una tercera parte del año, donde las mujeres daban a luz en camastros de paja y los recién nacidos eran mecidos en hamacas de yute. Pronto comprendió que las obras benéficas solo contribuían a aliviar la situación de los más necesitados, pero no resolvían los problemas sociales que aquejaban al país.

Por eso decidió unirse a la Ortodoxia de Eduardo Chibás, sin embargo, el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 cerró toda posibilidad electoral, por lo que se hizo partidaria de la lucha armada y se involucró con organizaciones de perfil insurreccional. Manuel Echevarría, fundador del Movimiento 26 de Julio en Manzanillo, la puso en contacto con Frank País y así quedó integrada al movimiento dirigido por Fidel Castro.

Los sucesos del 26 de julio de 1953 la conmocionaron tanto, que en los días siguientes a la acción, fue a visitar a dos moncadistas heridos que se encontraban en la clínica de La Colonia Española, en Santiago de Cuba. La propia Celia ha relatado que para Fidel y sus compañeros presos en Isla de Pinos, hizo bonos para recoger fondos, pero como no recaudaba lo suficiente, se dedicó a vender dulces hechos por ella.

En el Movimiento 26 de Julio nunca ocupó cargos directivos, aunque asumió tareas relevantes. Con su nombre de guerra, Norma, constituyó una figura fundamental en los preparativos de la expedición del yate Granma y del inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Por orientaciones del Movimiento organizó una red de colaboradores campesinos en las cercanías de donde debía desembarcar la expedición dirigida por Fidel Castro.

En febrero de 1957 marchó al encuentro de la guerrilla dirigida por Fidel, en compañía de Frank País, Faustino Pérez y otros miembros de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio para coordinar el apoyo desde el llano, y guiar al periodista del New York Times, Herbert Matthews, al encuentro con Fidel. La publicación de esta entrevista desmiente la propagada batistiana sobre su supuesta muerte. A finales de abril, Celia vuelve a subir a la Sierra para guiar al periodista norteamericano Bob Taber, también para entrevistar al líder de la Revolución.

El 28 de mayo, como integrante del pelotón de la Comandancia, combatió en El Uvero. Fue la primera mujer que ocupó la posición de soldado combatiente en las filas del Ejército Rebelde. Pocos días después de esa acción, Fidel la envió de nuevo al llano con importantes encomiendas, etapa de mayor peligro para su vida.

Hasta mediados de 1957 Celia había utilizado, además de Norma, los seudónimos de Lilian, Carmen y Caridad. El 18 de julio de ese año, en un mensaje de Frank a la Sierra, apareció su nuevo nombre de guerra: Aly, aunque en misivas posteriores continúa llamándola Norma, al parecer por la fuerza de la costumbre.

También tuvo que ver con la creación, en septiembre de 1958, del batallón femenino Mariana Grajales, que operaba en la zona de La Plata, Sierra Maestra, como apoyo a la retaguardia guerrillera. Este hecho demostró que las mujeres cubanas también podían ocupar posiciones de combatientes guerrilleras en los combates del Ejército Rebelde contra la tiranía batistiana.

Participa junto a Fidel en diversos combates y marcha en la Caravana de la Victoria en enero de 1959. Durante la Guerra de Liberación Nacional se dedicó a recopilar toda la documentación de la lucha en la Sierra Maestra desde 1956 hasta 1959, lo que contribuyó a la creación de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado en 1964.

Después del triunfo de la Revolución asumió importantes tareas y responsabilidades y fue participante activa de los momentos más trascendentales de la Revolución, de todas las actividades relevantes y las obras más significativas. Fue secretaria del Consejo de Estado, diputada al Parlamento, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas.

En una entrevista realizada por el periódico Juventud Rebelde a Delsa Esther Puebla Viltres, conocida como Teté, la eficaz colaboradora de Celia, como la calificara Fidel en su libro Por todos los caminos de la Sierra: La victoria estratégica, comentó: “... El día 2 llegamos a Bayamo y nos incorporamos a la Caravana de la Libertad para hacer el recorrido hacia La Habana… Recuerdo en la Caravana que Celia, igual que en la Sierra, apenas descansaba para estar siempre pendiente de todo... Estaba al tanto del último detalle de lo que necesitábamos las Marianas, los soldados del Ejército Rebelde, los niños que encontraba y, sobretodo, de lo que necesitaba Fidel”.

Sobre la tradición de reeditar cada año la histórica Caravana de la Libertad reveló: “Era Celia quien, personalmente, elaboraba el programa y escogía a los compañeros de la Columna 1 que serían parte del Estado Mayor en cada caravana. Ella fue quien dispuso que los niños participaran vestidos con los uniformes de verde olivo, porque así nadie jamás podrá negar que fue el Ejército Rebelde quien ganó la guerra y nos trajo la libertad”.

Y finalmente, en dicha entrevista manifestó: “Fidel y Celia me enseñaron que teníamos que preocuparnos por todas las víctimas de la guerra, sin importarnos en qué bando estuvieran, porque los hijos no tenían la culpa de los errores de los padres. Por eso siempre tendré que agradecerles que hicieran de mí una mejor persona. Celia siempre atendió a los huérfanos, a las madres y las esposas. Esta es la historia que necesita todavía ser más conocida porque representa el sentido de humanidad y grandeza de la Revolución en sentido general y, muy particularmente, de Fidel y de Celia”.


Referencias

Enciclopedia cubana Ecured (https://www.ecured.cu/Celia_S%C3%A1nchez)
Celia, más allá de una hermosa tradición (http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2016-01-08/celia-mas-alla-de-una-hermosa-tradicion)