Tarja en honor a Pepe Garcerán Foto: Norma Ferrás Pérez

Detrás de cada tarja hay una historia, en muchos casos desconocida, sobre todo por los que nacimos después del triunfo revolucionario. Así ocurre con la narrada por Carlos Manuel Menéndez Lara a Tribuna de La Habana, fiel amigo y colaborador del mártir de la Revolución Cubana José Garcerán de Vall Vera, quien murió en combate hace 60 años, el 17 de diciembre de 1958.

Garcerán de Vall nació en Santiago de Cuba, el 21 de noviembre de 1935. De niño su familia se traslada para Las Villas. Cuando tenía cuatro años fallece su padre y la madre decide mudarse para la capital a residir en D`Strampes No. 220, entre Milagros y Libertad, en Santos Suárez, municipio de Diez de Octubre.

“Estudió en la escuela Los Maristas de la Víbora. En 1953 ingresó en la Universidad de La Habana para estudiar Derecho, donde permaneció hasta el cierre de esa casa de estudios. Fue delegado del aula y editaba un pequeño periódico estudiantil llamado El Contrato, que repartía entre los estudiantes. En esta etapa se incorpora al Movimiento 26 de Julio. También fue un gran amigo de Luis Saíz”, recuerda Carlos.

Al cerrar la universidad pasa a la clandestinidad: “Participó en diversas acciones en la lucha contra Batista, colaboró con el Directorio Revolucionario, escondió armas en su casa y refugió a varios combatientes como Fructuoso Rodríguez y Juan Pedro Carbó Serviá (dos mártires de Humboldt 7). Este último era buscado por la policía porque había ajusticiado al Coronel Blanco Rico, jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), uno de los oficiales más crueles y odiados”.

“Una vez celebraron una reunión importante en su casa con dirigentes del Movimiento 26 de Julio y llega la policía; él no se encontraba pero apresan a su mamá. Los demás logran escaparse por el fondo y a él le avisan que no fuera para allá. Entonces va para la mía, donde permanece por varios días. Su familia comienza a presionarlo para que se asilara porque estaban maltratando a su madre, por lo que en mayo de 1957 se refugia en la embajada de Brasil”, relata.

Durante el exilio estuvo en varios países: Panamá, Costa Rica, México y Estados Unidos, donde destaca por su apoyo a la lucha insurreccional: “Mantuvimos siempre el contacto y la ayuda en lo que se podía. En Panamá escribe un folleto que nombra: Cuba en las sombras, con sus criterios políticos sobre lo que pasaba en el país”.

Sentados en la UH, a la izquierda Carlos Manuel, a la derecha Pepe Garcerán Foto: Norma Ferrás Pérez

Retorna a la Isla en noviembre de 1958: “Lo hace para crear un frente guerrillero en La Habana, actual provincia de Mayabeque, misión encomendada por Haydée Santamaría. Era una estrategia del Movimiento 26 de Julio, en la que debía desembarcar por Varadero para traer armas. Luego de hacerlo, aparece en mi casa y le digo: -Pepe ¿que tú haces aquí?, y me dice: Nada, déjame pasar. Entonces trato de alzar un maletín que traía y no pude,…porque dentro tenía ametralladoras Thompson”, rememora como si confesara un secreto.

“Organiza y dirige la guerrilla del Norte Habana-Matanzas y la primera tarea era volar el puente de San Agustín en la carretera central, entre el pueblo de Ceiba Mocha y Madruga, para propiciar el avance de Camilo hacia Occidente”, señala.

Y con cierto pesar dice: “Cuando fueron a volarlo los sorprenden unos soldados de la tiranía y ocurre un tiroteo donde muere. Fue la única baja en su primer y único combate, un hecho terriblemente lamentable. Era la noche del 17 de diciembre de 1958, 14 días antes del triunfo de la revolución y diez días antes de que naciera su única hija”.