El luchador revolucionario Raúl Gómez García Revolucionario, asesinado en el asalto al Cuartel Moncada y recordado como el poeta de la Generación del Centenario, nació hace 90 años, el 14 de diciembre de 1928. En su honor se celebra en esta fecha el Día del Trabajador de la Cultura.

Nació en la barriada habanera de Santos Suárez, municipio de Diez de Octubre. Desde su adolescencia colaboró con publicaciones estudiantiles y regionales, y emisoras radiales, así como en actos cívicos, a fin de divulgar las ideas libertadoras transmitidas por su familia, descendiente de mambises.

Sentía pasión por la poesía, la filosofía y la historia, y tenía una vocación innata de comunicador, perfeccionada con los estudios y la práctica temprana. Sus padres eran naturales de Güines pero residían en la capital. Al morir su padre, la familia regresa a Güines, por lo que pasa la primaria en escuelas de ambas localidades.

A los 14 años matricula en el Instituto de Segunda Enseñanza en la Villa de Mayabeque, donde destaca como deportista y también por su facilidad para escribir, por lo que colabora con el periódico El Estudiantil, en el cual denuncia los problemas escolares, como cuando acusa al director del Centro por su actitud inmoral de ventas de notas, abusos con los profesores, empleados y alumnos. Es expulsado del plantel y su hermano César le tramita el traslado para el Instituto de la Víbora, donde llega con un expediente académico notable y concluye el Bachillerato en 1948.

Estudia Derecho en la Universidad durante dos años, pues tras desempeñarse eventualmente como pintor de viviendas, oficinista o mensajero, logra una plaza de maestro en el reconocido Colegio Baldor, lo cual significaba un alivio para su delicada situación económica y donde descubre que su verdadera vocación era la Pedagogía, la que cursó solo dos años, al interrumpirla por participar en el asalto al cuartel Moncada.

Ingresa en el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), vinculándose a la tendencia más radical de la Juventud Ortodoxa. Si los gobiernos auténticos le parecían indignos, su cólera estalló al enterarse del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952; lo que estremeció de indignación y escribe el manifiesto: Revolución sin Juventud, en el que denuncia a los usurpadores del poder.

Al no conseguir que ningún periódico publicara el escrito, ni siquiera parcialmente, porque llamaba al combate frontal contra Batista y sus secuaces, lo imprimió el mismo en un mimeógrafo que llevó a su casa, y el periódico sale con el nombre de "Son los mismos". En la edición de dicho periódico trabajaron Abel Santamaría, Melba Hernández y Jesús Montané, entre otros, con una tirada entre 300 y 500 ejemplares. Posteriormente en su casa se imprimieron otras ediciones.

Cuando se vincula con Raúl y Fidel, éste último le propone que cambie el nombre del periódico por "El Acusador", que tuvo tres ediciones ya que por una delación fueron detenidos sus redactores. Al conocer este hecho, el director lo expulsa de la escuela. Continúa escribiendo cantos patrióticos, varios de ellos inspirados en Martí, versos de amor, artículos, reflexiones, mientras se adiestra para el combate.

Vinculado al Movimiento 26 de Julio, visita con frecuencia el apartamento de Abel Santamaría, en O y 25, Vedado. Los meses de junio y julio de 1953 fueron de intenso trabajo. El viernes 24 de julio de 1953 sale de la casa informándole a la madre que no regresaría a dormir.

En la Granjita Siboney, en la madrugada del 26 de julio, poco antes de partir hacia el asalto al Cuartel Moncada, Fidel lee el Manifiesto que Raúl Gómez García había redactado por instrucciones suyas. En él está recogido lo esencial del pensamiento de una juventud dispuesta a cambiar radicalmente la historia. El ideario martiano sustenta estas páginas, y hay una ardiente alusión al centenario de José Martí. Al finalizar, Raúl recita emocionado unas estrofas del poema Ya estamos en combate.

Raúl fue designado para la toma del hospital civil "Saturnino Lora". Al estar herido y comprender que había fallado el factor sorpresa, se dirige a un empleado que se encontraba cerca y le pidió una pluma y papel, en el que escribe una breve frase para su madre: "Caí preso, tu hijo".

Herido en combate, intenta auxiliar a un militar también herido, pero en respuesta al sincero gesto humanista, es apresado, torturado y asesinado. Posteriormente su cadáver fue presentado como caído en combate.

Sus últimas palabras llegaron a manos de su madre pocos días después. Constituyen una prueba de los crímenes que la tiranía perpetró contra los sobrevivientes del ataque al Moncada, y contra los que continuaron la lucha. El breve mensaje quedó para la historia, como testimonio irrefutable del crimen cometido contra el joven revolucionario de solo 24 años.