La historia no olvida a la patriota independentista Mariana Grajales Cuello, Madre de la Patria, fallecida hace 125 años el 27 de noviembre de 1893, quien con su firme actitud alentaba a su familia a luchar o morir por la libertad de Cuba.

Fruto de su primer matrimonio en marzo de 1831 con Fructuoso Regüeiferos, tuvo cuatro hijos. Luego enviudó en 1840; tres años más tarde se unió a Marcos Maceo, nativo de Santiago de Cuba o, según otra versión, nacido en Venezuela, y residente en Cuba desde 1825.

Foto: Reynier Batista Morales

Fueron a vivir a una finca que él tenía en Majaguabo, San Luis, y en 1845 nació el primogénito: Antonio Maceo. Poco a poco la familia creció hasta tener siete varones y tres hembras, una falleció a los 15 días de nacida, por lo que Mariana tuvo 14 hijos.

Dicen que era una madre tierna y bondadosa, pero a la vez inflexible en la disciplina. Reglamentaba las horas de las comidas y el sueño. Ningún miembro de la familia podía estar fuera de la casa pasadas las diez de la noche. A los ojos de los hijos, siempre fue la compañera del padre. Juntos analizaban los problemas y tomaban las decisiones, tanto en los momentos de tristeza como de felicidad.

Todos participaron en la Guerra del 68; dos de sus primeros hijos murieron en acción y dos fueron fusilados. De los Maceo, el primero en caer fue su esposo, después otros hijos mueren en combate. Al concluir esa contienda, sólo quedaban Antonio y José, quienes cayeron valientemente en la gesta del 95; y Tomás y Marcos, los cuales sobrevivieron pero resultaron heridos.

Sus dos hijas, Baldomera y Dominga, se incorporaron a la guerra en los hospitales de campaña. También Mariana curó heridos en dichos hospitales e incitaba a los convalecientes a que regresaran al campo de batalla, una vez restablecidos.

Tuvo que salir de Cuba, obligada por las circunstancias adversas generadas tras el Pacto del Zanjón. Se estableció en Kingston, Jamaica, donde sufrió los rigores de la pobreza y la estrecha vigilancia española que interceptaba la correspondencia con sus hijos. Antes de morir, pidió que cuando Cuba fuera libre, trasladaran sus restos para tener descanso eterno.

Por eso, en 1923 la Cámara Municipal aprueba una moción presentada por el Vicepresidente del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, para trasladar sus restos, exhumados en abril de ese año del Cementerio Católico Romano de Saint Andrew.

Al llegar a la isla, el 23 de abril, la urna fue trasladada hasta el Ayuntamiento, donde fue velada hasta el otro día, y luego conducida al cementerio Santa Ifigenia para depositarla en una bóveda construida temporalmente. Por fin, sus restos descansaron junto a los de Dominga Maceo y María Cabrales en el patio D del cementerio.

Casi un siglo después, el 10 de octubre de 2017, sus restos fueron inhumados en ceremonia militar junto a los de Carlos Manuel de Céspedes, en el área patrimonial central del cementerio, donde se encuentran los de Martí y Fidel. Desde entonces, el pueblo cubano y los visitantes extranjeros pueden rendirles tributo a la Madre y al Padre de la Patria, junto al Apóstol y al Líder Histórico de la Revolución Cubana.