Cuando de opiniones se trata, lo principal, lo imprescindible para llegar a puerto seguro es respetar y mirar con sensibilidad el objeto de nuestra crítica. Ayer, como muchos cubanos, me lancé cual intrépido felino hacia la reapertura de Coppelia. Confieso que mi andar fue desconfiado ante comentarios sobre la calidad del helado, las mejoras de servicio y ambiente… Es que, como buen cubano, tiendo a llegar a los lugares esperando el mínimo detalle para en pos de la perfección esperada crear el debate.

Mi primera gran impresión fue la inmensa cantidad de personas reunidas en las colas esperando su turno para entrar. Una masa de sombrillas, optimismo y ansiedad rodeando a la mítica Catedral del Helado. Luego me asaltaron una increíble cantidad de vivencias, situaciones que aún proceso mientras tecleo cada letra de esta reflexión.

En mi mesa reunidos estábamos cuatro colegas que no parábamos de hacer fotos, observar, escudriñar los trozos de subjetividades que nos rodeaban. Mientras esperábamos que llegara nuestro ansiado helado, nos lanzamos a preguntar opiniones sobre todo lo que estaba aconteciendo:

 ¿No entiendo que si en la televisión dijeron que habría más de 14 sabores solo hay 6?

 ¿Por qué tan poca variedad en las ensaladas?

 ¿Qué pasa con el servicio?

Demasiadas que no cabrían en todas las páginas de nuestro periódico. Todas cargadas del sentir de un pueblo lleno de preguntas, necesidades, en fin. También me asombró cómo muy pocas personas se detuvieron a fijarse en los ojos llorosos de la administradora y algunas dependientes. Conversé con el equipo del lugar, quienes a pesar de la presión acumulada por las horas trataron de explicarme los motivos de las insatisfacciones de algunos clientes.

Salón Cuatro Joyas, en Coppelia, que brinda servicio en CUC. Foto: Miguel Moret

Creo prudente compartir lo escuchado, no para justificar, pues no pienso subvalorar la inteligencia de mis lectores, pero sí brindar un poco de luz sobre cuestiones de mucho interés. Primero que cada área tiene asignado una cantidad de hasta 6 sabores para poder mantener en el día la variedad sin agotarla, no 14 ni 20, como muchos pudiéramos pensar, ese número es el que corresponde a la entidad en general. La calidad del producto, si bien gana en cremosidad, gusto y consistencia, es prudente servirla de a poco, para que las altas temperaturas afecten menos y llegue a la mesa sin derretirse. Se establece la norma de que en las ensaladas se pidan no menos de tres sabores para garantizar una mayor durabilidad en la oferta. La torre y la cancha son áreas privilegiadas con sabores como el gustado chocolate. Además, en cada área hay funcionarios de protección al consumidor recepcionando inquietudes y brindando información sobre las nuevas medidas del funcionamiento de la entidad.

Creo importante considerar la visible realidad que resulta poder disfrutar en tan poco tiempo de una instalación remozada, que brinda sin dudas un producto de calidad. Mantenernos claros que quienes se dedican a servirnos son seres humanos que enfrentan una larga jornada laboral con la responsabilidad de que salgamos complacidos. Todos podemos contribuir a que Coppelia continúe su marcha hacia la excelencia, cuidando de la pulcritud y belleza que hoy caracteriza sus áreas, dialogando con respeto y amabilidad para entre todos vivir este verano con plenitud y goce.