Olga, Berta y Alicia representan tres generaciones de una familia que tiene sus propios recuerdos de las etapas de Coppelia. La apertura de la heladería deja un sabor diferente en sus memorias: “El helado no tiene la consistencia que esperaba de acuerdo con las expectativas generadas con la información de la prensa. Para mí no es el famoso Coppelia”, sentencia Olga. Berta, su hija, aclara: “Estuvimos en la cola desde las 11 de la mañana y más de media hora esperando que nos atendieran”. Alicia, la nieta de Olga, no ha dejado de tomar su helado y las observa con una interrogante en su mirada.

En otra mesa, Yamilka, acompañada de cinco adolescentes (niñas y niños), se lamentaba de “no poder solicitar el servicio de más sabores en la canoa. Es imposible que no puedan hacerlo”, enfatizó.

Dayana, una joven camarera de más de 9 años de labor aquí, semeja una abeja en su ir y venir constante. ¿Es cierto que no pueden pedir distintos sabores?, preguntamos. “¡Claro que sí!”, responde con un gesto de incredulidad a la cuestión del periodista. Después, más relajada argumenta: “Esta apertura ha sido supersónica. Nunca había experimentado tanta tensión en el servicio”.

Yuneimi Castillo Tartabull, administradora de la Torre de Coppelia, frisa en el borde del llanto por la rotura de una nevera de agua que sucedió de improviso. “Los usuarios nos reclaman que el agua está demasiado caliente. ¿¡Se imagina…!?

Las tensiones en el ajetreo de la jornada primera daban la impresión de estar dentro de una gran colmena. Todos, sin excepción, preguntaban a los clientes de forma amable cómo podían hacerles sentir más cómodos.

LAS CUATRO JOYAS

María Elena Ceballos Meriño, en sus 30 años de labor, acumula suficiente práctica para ofrecer criterios fundamentados. “Estuvo fuerte la apertura por el arribo masivo de clientes. La mayoría de las personas desconocía que abriríamos a las 11 de la mañana, no antes. Es lógico las situaciones que provoca una apertura, pero se van a resolver. No tenemos todas las condiciones creadas.

“Me parece que no se debió excluir las potencialidades del quiosco en el cual se comercializaba el servicio de barquillo en divisas”, destacó.
Belkis Fonseca, con 8 años de trabajo y administradora de Las cuatro joyas, asegura que la calidad del helado está aún por debajo de las expectativas. Este producto debe tener un tiempo de maduración, o sea, no puede comercializarse acabado de salir de la fábrica.

Amaury Martínez, director de la heladería, considera que la apertura los obligará a resolver sobre la marcha los criterios negativos de los clientes. “Estábamos conscientes de que nuestros compañeros debían prepararse para una avalancha de usuarios que esperaban ansiosos la apertura de la heladería. Muchos de los problemas planteados estamos seguros de resolverlos sobre la marcha.