Hay días cincelados en la historia por su herencia gris. Fechas que desgarran el alma y recuerdan, cual letanía impertinente, cómo algunos hombres arremeten ferozmente contra sus semejantes, abandonando con su acción todo ápice de humanidad.

El 27 de noviembre de 1871 fue uno de esos días sombríos. La ignominia se hizo carne, tomó forma en la figura de déspotas colonialistas y el odio visceral a todo lo que oliera a intentos de independencia y emancipación, fue razón suficiente para ofrecer un escarmiento que, todavía, 144 años más tarde hiela la sangre.

Los estudiantes de hoy rinden tributo a los mártires de la medicina cubana Foto: Radio Reloj

Los ojos vendados en algunos…, otros rodillas en tierra; así esperaban para recibir el castigo. Pagarían un elevado precio por un crimen que no cometieron. El desafuero truncó la vida de Carlos de la Torre, Anacleto Bermúdez, Alonso Álvarez, Pascual Rodríguez, José de Marcos Medina, Ángel Laborde, Eladio González y Carlos Verdugo.     

La muerte los acogió en sus dominios. Pero el pueblo, testigo eterno de semejante injusticia, no pasa por alto ese funesto pliego escrito con sangre inocente en la historia de Cuba. Los inmortaliza multiplicando su espíritu en miles de jóvenes que marcharon a lo largo de la calle San Lázaro, desde la Escalinata de la Universidad de La Habana, hasta el Mausoleo erigido a la memoria de los ocho mártires.