Como es tradicional en la Isla, miles de jóvenes universitarios se dan cita esta tarde, a las 4:00 p.m., en la multitudinaria movilización que recorrerá la céntrica calle de San Lázaro hasta la Explanada de la Punta, lugar donde se ubica el mausoleo a los ocho estudiantes de medicina vilmente asesinados el 27 de noviembre de 1871.

La juventud cubana no defraudará jamás a los héroes y mártires de la nación. Ellos están cada vez más presentes en las nuevas generaciones que dignifican cada año a estos muchachos, casi adolescentes, los cuales fueron sacrificados por el odio visceral de quienes ignominiosamente servían a la Metrópoli, desencadenando este crimen de lesa humanidad.

A pesar de su inocencia fueron víctimas de un juicio sumario y acusados de profanar la tumba del periodista español Gonzalo Castañón. Era la manera de castigar los anhelos independentistas de un pueblo que había decidido en octubre de 1868 acudir a la manigua redentora para combatir al ejército peninsular y romper las cadenas que sostenían los colonialistas en la Isla.

De monstruoso fue calificado este hecho que conmovió a todo el país. Los enemigos de los mambises utilizaron esta barbarie con el propósito de amilanar el espíritu de lucha de los que entonces conspiraban y combatían, a España.

Sin embargo, este horrible acontecimiento acrecentó el desprecio hacia quienes avasallaban la Patria. Los criollos, la intelectualidad de las principales ciudades, particularmente de La Habana, estaban inmersos en las conspiraciones contra los ocupantes y denunciaron por diversas vías el atroz fusilamiento de los estudiantes.

La juventud y lo más avanzado de la sociedad en el siglo XIX se pronunció contra la infamia. Pero el suceso contribuyó a acrecentar el sentimiento anticolonialista y exacerbó el espíritu de lucha y combate frente a los españoles que continuaban ultrajando los derechos y libertades de los cubanos.