Era solo un presagio cuando al comienzo del campeonato no se pudo jugar la primera subserie entre los equipos de Santiago de Cuba y Holguín, porque la Comisión Nacional de Béisbol no garantizó a tiempo el hospedaje de estos últimos en la Ciudad Héroe. Luego un grupo de árbitros no llegó a tiempo para un partido en Matanzas y se recibieron reportes que el equipo de Las Tunas se había tenido que trasladar a pie desde el hotel donde estaban hospedados hasta el terreno de juego, por falta de transporte.

A raíz de estas irregularidades la Comisión Nacional de este deporte publicó una escueta nota donde reconocía su culpa y aseguraba haber tomado medidas con los responsables, pero la temporada ha seguido su curso y los problemas siguen amontonándose unos sobre otros.

Unos días más tarde, los actuales campeones de la Isla de la Juventud, estuvieron esperando el transporte que los llevaría al puerto de Batabanó por varias horas sin merienda ni almuerzo, y sin recibir explicaciones.

Ahora, le tocó sufrir en carne propia a los capitalinos. Reunidos desde la mañana del pasado miércoles en la Ciudad Deportiva, tuvieron que esperar siete horas a la intemperie por el ómnibus que los trasladaría hasta la provincia de Pinar del Río para efectuar sus encuentros particulares, sin la más mínima atención por parte de ningún directivo.

¿Hasta cuándo nuestras futuras estrellas tendrán que estar sumidos en ese mar de vicisitudes? ¿Quiénes van a responder por tantas irregularidades? No estamos hablando de falta de recursos, comprendemos la necesidad de jugar a las dos de la tarde –bajo el sol abrasador de nuestro trópico– para ahorrar el combustible que se gasta en los juegos nocturnos, sabemos que escasean bates de madera o pelotas y que la alimentación no es ni remotamente la ideal para esos deportistas. No estamos ajenos a los problemas económicos que afectan a nuestro país ni a bloqueos imperialistas, hablamos de problemas humanos, de malas prácticas, de desintereses y mala organización del trabajo que está haciendo mella en la motivación de nuestros jóvenes atletas.

Nuestros directivos tienen que vivir en el insomnio, velar porque este engranaje no se detenga por cualquier motivo, tener un plan paralelo para cada situación, ensuciarse la camisa en los terrenos; y sobre todo, crear un puente de transparencia con la prensa y los aficionados. Estamos hablando de nuestro deporte nacional, de algo que es parte intangible de nuestra cultura y merece toda la atención y el respeto por parte de los encargados de garantizar su normal funcionamiento y desarrollo. Nos vemos en el estadio.