Para llegar desde La Habana a la casa de Leonel Labrada León, en el Reparto Chacón, a la entrada del mal llamado Presidio Modelo, en la Isla de la Juventud, es obligatorio atravesar el mar, desafío que Leonel venció por primera vez hace muchos años, cuando acudió a un Festival de la Toronja.

El embrujo en ese viaje fue tal que, sin darse cuenta, allí comenzó a echar raíces, al punto que una semana después de concluida su visita retornó a la Isla, pero ahora con el expediente laboral bajo el brazo. Atrás quedó La Habana, con sus grandes edificaciones, su bullicio, sus teatros, cines, cabarets y sus avenidas llenas de luces.

Sobre su vida antes de ese primer acercamiento al municipio especial él recuerda cómo, desde pequeño, el profesor manzanillero de voleibol, José Mendoza, más conocido como Tati, le inculcó el amor por el deporte.

Nacido en la Provincia de Granma, explica que sus primeros pasos en el mundo del músculo: “Fueron como activista, llegué a dirigir el baloncesto en Manzanillo. También jugué mucho voleibol”.

Pero, en 1961 Leonel fue a la Campaña de Alfabetización, hecho que cambiaría su vida por completo. Le dieron una beca en Ceiba del Agua y allí se preparó como Tecnólogo de Metales, y después comenzó a trabajar en Cubana de Bronce, en el municipio de Guanabacoa, en La Habana.

LA VIDA EN LA ISLA DE LA JUVENTUD

A su retorno a la Isla, comenta: “trabajé como director del Instituto de Economía antes de incorporarme a la Dirección Municipal de Deportes, donde trabajé por mucho tiempo como Jefe de Relaciones y Propaganda”. Leonel explica que enseguida preguntó cuál era la disciplina de mayor aceptación y todo el mundo le indicó el canotaje.

Sin proponérselo, había descubierto la pasión de su vida, y decidió vincularse al arbitraje: “durante cerca de 23 años dirigí, como activista en la Comisión Nacional, todo lo relacionado con el arbitraje en esta disciplina en la que La Isla ganó, en 11 ocasiones consecutivas, el Campeonato Nacional de Primera Categoría”.

Fue una constelación de atletas la que aportamos a las selecciones nacionales. En esos resultados tiene mucho que ver un hombre excepcional en esta disciplina, el profesor-entrenador Alfredo Hernández Barrera. Allí obtuve mis conocimientos iniciales”.

GRANDES AMORES

Con una esposa pinera (nombre que se le da a los oriundos de la Isla de la Juventud), Labrada León tiene dos hijos, uno nacido en La Habana, y el otro en la Isla de la Juventud, quienes son de sus amores más entrañables. “Todos en la familia somos árbitros primera categoría de canotaje, incluso una vez se nos hizo un homenaje como familia del deporte. He sido profesor de 36 cursos de carácter nacional”.

“De cuatro árbitros que quedaron en el país en el Periodo Especial —agrega Labrada León— cuando terminé en mis funciones en esa responsabilidad, ya tenía 286, 113 de ellos con categoría nacional. Prácticamente toda la vida me he dedicado a buscar, enseñar, a graduar árbitros”.

Ya retirado, en la actualidad funge, por petición de la Dirección de Deportes en la Isla de la Juventud, como director del Museo del Deporte en ese territorio, otro de sus grandes amores. Pudiera parecer un enroque un tanto extraño, sin embargo Leonel despeja rápidamente cualquier duda: “siempre he estado con la historia. Todo comenzó en La Demajagua, en el año 1968, a donde tuve la oportunidad de asistir. Allí Fidel habló en el acto por los 100 años de iniciada la lucha independentista. De la forma en que lo hizo, con ese sentido de la historia, su forma de explicar los sucesos, me hicieron decidirme a ser historiador. He trabajado la historia en Secundaria Básica e instituciones del deporte, siempre vinculado al estudio, principalmente de las disciplinas de la Isla, como es el canotaje”.

Sobre su trabajo en el museo municipal del deporte comenta: “En la actualidad tengo 72 años, ya me había jubilado, pero el huracán grande que afectó a la Isla acabó con nuestras instituciones, fundamentalmente con el Museo del Deporte, que de haber estado abierto ininterrumpidamente, ahora tendría 38 años de vida”.

“Después de ello, estuvimos cerca de seis años y medio cerrados, hasta que volvimos a reabrir. En tres años hemos tenido un total de 32 mil visitantes. Ello es muestra de la aceptación que tiene en el pueblo el hecho de mostrar la historia de nuestra pequeña Isla”.

VIDA ARBITRAL DE LABRADA LEÓN

Amplia es la hoja de participación en torneos de todos los niveles en que ha tomado parte nuestro entrevistado. Desde los pioneriles, escolares, juveniles y los de primera categoría, como en las cinco copa LPV que se celebraron y donde la Isla siempre salió ganadora, hasta torneos internacionales”.

“En el extranjero, participé por primera vez en 1988, en las Esperanzas Olímpicas, celebrado en Berlín, en la antigua RDA. Allí un polaco y yo fuimos los únicos árbitros. Luego asistí a los Juegos Panamericanos La Habana 91; trabajé en Venezuela, en las dos ediciones de los Juegos del Alba, en las cuales salí el árbitro más destacado”.

“Un árbitro tiene que ser una persona integral y ética, tener una línea de principio en su trabajo. Uno no es de una provincia, uno responde a los intereses del deporte, porque todo lo que se aprenda, va a ser en función de la limpieza de la actividad física. Ahora estoy retirado, pero aun así sigo prestando mi ayuda y asisto a las competencias nacionales. Según nuestro reglamento, hasta los 85 años un árbitro puede trabajar en distintas manifestaciones”.

HISTORIAS DE MEDALLAS Y ALGO MÁS

“Al descubrir que había un hombre en la Isla —Pedro Hernández Barrera— que ha aportado más de mil medallas a su causa, me propuse darlo a conocer. Así lo hice en mi tiempo, y prácticamente en todas las provincias del país di cursos”.

“El remo en La Isla cuenta con 17 atletas que han tomado parte en Juegos Olímpicos, cinco de los cuales han alcanzado medallas, mientras la participación de ese territorio en Juegos Panamericanos puede observarse en un panel que existe en el Museo de la Isla”, agregó Labrada León.