Foto: Obra de Raymundo López

Raymundo López es un creador inquieto y laborioso, diríamos, comprometido con su régimen imaginario. En estos momentos se concentra, aunque lo de él ha sido casi siempre el paisaje/ecología, en la figura humana (mirando hacia la historia del arte), y particularmente en los rostros, en los sentimientos más hondos y hace que sus sensaciones se yuxtapongan a las capas del material pictórico.

Pintor y dibujante, basa su estilo en el virtuoso dominio del dibujo en que esboza, combina, recrea y expande, tornándolo muchas veces mancha o dimensión formal de los espacios. El consigue orquestar la figuración en atmósferas variables, resueltas por la síntesis de lo visto. En una manera casi académica en lo referente a las aplicaciones tradicionales del medio, superpone la fiereza de un trazo libre y expresivo. En un escenario, a medio camino entre vida-teatro se mueven sus personajes, en un ambiente donde comprime sensaciones y sensualidad, sumando siempre el amor por la tierra ¡que hay que salvar!, uniéndolos en esta serie con motivos procedentes de la historia, la cultura y los sucesos humanos.

Foto: Obra de Pedro Pablo Dominguez

EL PULSO DE LO POPULAR, TRASCENDIDO

Portadoras de un sólido rigor constructivo, las piezas de Pedro Pablo Domínguez son reflejos de una vivencia real, que en el tiempo (los años que pasan) se va haciendo onírica, de viajes interiores que luego traduce con una línea/concepto sutil, un trazo vigoroso de suaves tonalidades que se acomodan entre las formas.

Considerando inaceptable la dictadura de los dos predicados de una pintura o dibujo..., forma y color –pues en cualquier objeto hay un universo de fenómenos visibles e invisibles, con sus emanaciones, propiedades conocidas o escondidas, que a su vez tienen un número indefinido de predicados–, el artista crea un cuadro “biológicamente terminado”, cuya topografía, dirigida no sólo al ojo que ve, sino también al ojo que sabe, se presenta como una constelación de “átomos coloreados”, que conforman un tejido pictórico conocido en la memoria de nuestro tiempo.

Su obra hiperrealista nos recuerda, a partir de objetos y sensaciones, décadas atrás, tomando el pulso de lo popular, trascendido al arte, a través del prisma del tiempo, y que constituyen como “hojas” de un calendario que van pasando a formar parte de la cultura cotidiana, nuestra y universal.

LA SENSUALIDAD DEL PAISAJE

Las obras del joven René López Silvero son como deliberados enigmas que exaltan el placer de pintar para que al final se produzca un latido de asombro en la retina del espectador. Son, en una palabra, ilustraciones de sueños muy íntimos que reposan en el paisaje.

Como un amasijo de sugerencias, pulsaciones y deseos que nacen de la propia superficie, el artista regala nuevas metáforas en sus piezas que resultan enfoques hacia detalles del panorama en derredor. Entre finos trazos y tenues veladuras incorpora las coordenadas del arte plástico a la posibilidad expresiva de segmentos del paisaje. En particular de ríos y arroyuelos con todo lo que llevan en sus cauces: piedras y otros elementos que se sedimentan en recodos y otros espacios que lo “iluminan” de tonos muy singulares. Esos que su prisma capta, primero, y pasa luego por su sensibilidad creativa para exaltar con una pincelada realista, espontánea y suelta los rasgos que quiere subrayar. La plástica cubana tiene mucho que enseñar y regalar en esta fiesta de las artes visuales llamada Bienal de La Habana.