Recorro las calles del municipio de Cerro buscando completar un retrato. Mucho había disfrutado de las profundas y viscerales interpretaciones del actor habanero Emilio del Valle, pero faltaban páginas para completar su imagen. Compartimos un café casero y sin tapujos comenzó a platicarme una historia personal. Pocas veces había formado parte de un dialogo tan sincero.

“Nací en un solar de la calle Zanja No. 668, mi madre me abandonó en el cuarto donde vivíamos. Al lado, una señora escuchó los gritos de aquel niño… y me cuidó, esperando a que regresara mi madre. Ella nunca volvió y entonces esa buena negra se convirtió en mi nueva familia, llevándome luego para Los Palacios en Pinar del Río, donde ella pertenecía. Allí me terminó de criar mi abuela Dolores, todo eso fue la mayor prueba de amor que pudiera vivir.

“Vine a pasar el servicio militar a La Habana, y trabajé como ayudante de carpintero, luego de electricista, albañil… En el año 67 sale una convocatoria por el periódico Juventud Rebelde solicitando que se presentaran a prueba quienes tuvieran aptitudes para ser actores”.

De izquierda a derecha los primeros actores: Enrique Molina, Emilio del Valle y su esposa Yanet Ferraz, seguidos por Teresita Rúa y Serafín García Foto: Alex Ordaz Zayas

¿Cómo lograste transformar el sueño en la vida?

—Siempre mi mayor ambición fue la de ser actor, lo perseguí y creo haberlo conseguido. Como te explicaba me presenté a las pruebas de La Escuela de Formación Profesional de Actores y me escogieron entre otros que hoy son grandes actores. No tuve la oportunidad de pasar el ISA, esa fue mi única escuela, además de escuchar y observar diariamente a los que me rodeaban. Había hecho antes un poco de teatro pero tenía muchas ansias de conocimiento y de hacer cosas.

Sobre los procesos… ¿Cómo se formó el carácter multifacético de Valle?

—Comencé en la televisión haciendo de doble en programas, papeles pequeños, muchas cosas que hoy todavía recuerdo, hasta que una vez me dieron un pequeño texto en San Nicolás del Peladero, y parece que gustó pues siguieron llegando propuestas. Luego traté de mostrarme en diferentes aristas y formas de trabajo actoral, hice personajes en las series para el espacio Aventuras de la Televisión, desde Los Mambises… hasta Teatro ICRT. La primera gran novela donde trabajé fue Sol de Batey, luego vino Las huérfanas de la Obra pía, y otras experiencias inolvidables. Pero lo que más me marcó fue la Radio.

Emilio del Valle en la novela Las huérfanas de la Obra Pia junto a su colega Jorge Treto. Foto: Alex Ordaz Zayas

“La primera incursión fue en Radio Progreso, al aire, en directo…, ese fue un fuego formador para mi carácter y carrera profesional. Todo aquello fue necesario y hermoso. Luego pude hacerme locutor, que es otra arista que adoro. La Radio soltó mis manos como actor, como dijo Oscar Luis López, “La Radio es sonido para ver”. Así traté siempre de llegar a las zonas de silencio donde otros medios no logran establecerse. El uso de la imaginación es primordial, la conexión de los sentidos y sentimientos con la voz”.

¿Cuál entre todas las manifestaciones vislumbras con mayor precisión hoy en Cuba?

—Creo que ahora mismo el Teatro es la manifestación que mejor salud goza entre todas. Escucho y veo a muchos jóvenes talentos crecer hoy en las tablas y la exigencia se mantiene muy fuerte. La Radio y la Televisión adolecen, en estos tiempos, de la estricta dedicación que necesita, no en todos los casos, pero si muchas veces.