Cuerda Viva es un espacio que colocó en la palestra pública y desde la pantalla lo más diverso y novedoso de la Isla si de sonoridad se habla. En sus 17 años ha superpuesto la calidad y el talento por encima de los esquemas de popularidad, futilidad y “super-producción” que han sido impuestos por los procesos hegemónicos culturales.
Quizá por esos motivos a muchos les asombre que últimamente Cuerda Viva incurra en una fase adolescente de búsqueda en recursos de mercadotecnia, dejando a un lado algunos de sus virtudes fundacionales. Hablemos entonces de la cuestión:
Hace varios programas se nota el cambio radical hacia el playback (la música y voces grabadas), teniendo su cúspide en las galas de nominados y recientemente en las premiaciones de su Festival de Música Alternativa. Pudiéramos pensar que es una estrategia para proteger a los artistas que desentonan o que no alcanzan las notas esperadas sin los debidos procesos de edición y mejoras. Cada vez son menos las propuestas realmente undergrounds, y prevalece la superficialidad de Influencers, nuevas estrellas o personajes montados. ¿Entonces el programa apuesta ahora por propuestas de calidad dudosa o insuficiente? La música y el arte como entes vivos necesitan tanto del virtuosismo como del error, para que brote la gota de humanidad necesaria.
Por otro lado también Cuerda Viva incursiona en la vida moderna de redes sociales y nuevas plataformas, logrando más que la promoción y divulgación de la obra de los noveles artistas, convertirse en un producto lleno de lentejuela que busca desesperadamente la atención. Deja a un lado la posibilidad de producir influencias positivas para las nuevas generaciones o cultivar el buen gusto para crear “Alter-Egos” alimentados de carisma y exaltación de la personalidad.
En este punto valdría la pena revisar las nociones espectaculares y las conceptualizaciones como bien lo ha hecho Lucas en su última edición. Para bien, se podría trabajar en los valores que necesitan exponerse en la pantalla y las tarimas, reinventarse sobre la banalidad de los diseños norteamericanizados, inquirir y desplegar el verdadero talento. La imagen es muy importante pero vale de bastante poco cuando olvidamos la esencia del arte.