Como un proceso de reciclaje la vida nos devuelve una y otra vez a situaciones extremas. Comedia o tragedia son formas propias de la existencia humana, pero resalta sobre todas las cosas la necesidad de eternizar, llevar al mármol lo que consideramos merece ser imperecedero. Así, cual poema épico atemporal y cubanizado, llega Jardín de Héroes del dramaturgo Yerandy Fleites. Una puesta de Teatro D’Dos, dirigida por Julio Cesar Ramírez que regresó a la sala Raquel Revuelta en el marco de Traspasos Escénicos.

Cuenta las peripecias de los hijos de Agamenón en el desconcierto de un país ignoto, ante la imposibilidad de gobernar por inexperiencia, ineptitud o apego a los vicios de una vida definida por la inercia. El héroe que ha muerto y dejó como herencia traiciones, conspiraciones, desigualdad… Electra, su hija favorita y amada mantiene intocada la imagen heroica de su guerrero padre, pero enfrenta la muerte de sus hermanos, la sospecha  de traición sobre su madre con su amante Egisto y la esperanza de un futuro en su desaparecido hermano Orestes.

Jardín…, resulta una vehemente muestra de un proceso profundo y sincero, producto en principio de la fértil e inquieta mente de Yerandy para luego ser llevada a términos por un colectivo, el cual aparte de su juventud, prueba haberse impregnado en la poética del director. Confieso haber descubierto aristas y matices no revelados cuando leí el texto. Toma en mano los recursos expresivos que quizá otro creador hubiera desechado y apuesta por la sencillez. La escenografía brinda balance y un fuerte espacio donde transitar, habitar, renacer, morir…

Foto: Miguel Moret

Las actuaciones prevalecen potentes y veraces como instrumento principal para el diálogo directo con el público, a quienes procuran mantener cercanos, casi como parte inapelable de la acción dramática. Todo el elenco cumple en la medida justa sus tareas escénicas traspasando el umbral de lo correcto, suscitando emociones y sensaciones en los presentes.

Prepondera la potente e histriónica Giselle Sobrino en el papel de Clitemnestra. La actriz asalta la escena con su energía desentrañando el carácter de un personaje clásico bajo una piel contemporánea. Se muestra sensible, frágil, mientras alude efectiva al icono que representa.

Jardín de Héroes trae a colisión un argumento clásico en escenarios de actualidad. Propone y dispone varias imágenes de una realidad sobre la cual reescribir las impuestas verdades. Concede a la noción de lo heroico el beneficio de la duda y el error, la humanidad.